jueves, 27 de mayo de 2010

Inteligencia, el regreso del coeficiente intelectual

Tras décadas de dominio psi, los más recientes estudios sobre conexiones neuronales, análisis genéticos e imágenes del cerebro han devuelto el estudio de las capacidades cognitivas al campo de la biología

Por Alejandra Folgarait

La Nación, 11 de abril de 2010


La inteligencia es uno de esos tópicos en que la ciencia y la ideología se confunden, se arrasan o se ignoran. Como si fuera mérito propio y no azar de la naturaleza, cualquiera siente profunda satisfacción al ser englobado en la casta de los brillantes. Claro que definir qué es ser inteligente resulta mucho más complicado de lo que se asume al terminar con éxito un crucigrama, ya que en la definición se combinan análisis biológicos y psicológicos con cuestiones políticas, sociales y económicas.

Cuando el mes pasado el psicólogo Satoshi Kanasawa, de la prestigiosa London School of Economics and Political Science, se atrevió a plantear públicamente las conclusiones de sus estudios más recientes -que las personas más inteligentes son las que apoyan valores como el liberalismo político, el ateísmo y la monogamia masculina- reabrió la polémica sobre la cuestión.

El estudio de Kanasawa, publicado por la revista Social Psychology Quarterly , toma a la inteligencia como una adaptación del Homo sapiens a los desafíos novedosos que se les presentaron a lo largo de la evolución. Que los hombres más inteligentes adhieran a la exclusividad sexual en vez de practicar la poligamia como otras especies es una expresión de inteligencia adaptativa de nuestros ancestros al entorno evolutivo, según este autodenominado "científico fundamentalista".

El psicólogo aclaró que "los individuos más inteligentes son mejores resolviendo problemas que resultan nuevos en un sentido evolutivo, pero no son mejores en resolver problemas más familiares evolutivamente, como aparearse, cuidar a la cría y mantener relaciones interpersonales".

Sí, es cierto, a veces, las aclaraciones oscurecen... Pero lo más importante del estudio de Kanasawa acaso no sean sus polémicas conclusiones sino su perspectiva. Que un psicólogo utilice categorías biológicas, como la evolución natural de las especies, para analizar un fenómeno que pertenecía hasta diez años atrás al mundo de la psicología tradicional es una provocación para el suceptible debate sobre las capacidades cognitivas.

Pero lo cierto es que, hay que reconocerlo, el enfoque biologista es una tendencia cada vez más fuerte a la hora de explicar qué hace a algunas personas más inteligentes que otras.

Kanasawa apunta que los criminales son menos inteligentes que el resto de la población porque se vuelcan a preferencias más ancestrales a la hora de competir por los recursos para sobrevivir (el alimento y la pareja sexual). Esta afirmación, que hubiera despertado acusaciones de discriminación pocos años atrás, es hoy un punto de vista aceptado en la ciencia neodarwinista.

En cuestiones de inteligencia, la biología cerebral parece haberle ganado el último round a la psicología de la mente y a la sociología de los comportamientos, que despuntó y ganó posiciones a partir del auge psi desde los años 70 y tuvo una nueva formulación, en los 80, con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, fuente de inspiración de las postulaciones desarrolladas por Daniel Goleman en el best seller que lo llevó a la fama mundial en 1995, Inteligencia emocional .

Lo cierto es que la inteligencia siempre estuvo en medio de la polémica entre lo que viene dado por naturaleza y lo que se adquiere por educación, cultura y hasta voluntad. Aunque se diga que para ser inteligente basta con resolver ecuaciones o ser argentino, el debate renace una y otra vez a lo largo de la historia de los bípedos implumes. Lo nuevo, en todo caso, es este resurgimiento de la mirada biológica sobre la inteligencia después de décadas de dominio psi.

El boom de las neurociencias

En los últimos tiempos, la búsqueda de las raíces neurobiológicas de las capacidades cognitivas se transformó en una moda científica. Una catarata de estudios sobre el cerebro inteligente y las nutridas conexiones neuronales que muestran los genios inundó las revistas científicas. De la mano de imágenes del cerebro y análisis genéticos, la biología retomó en los últimos tiempos el control del campo de la inteligencia, que había quedado en un terreno ganado por psicólogos y analistas sociales. Incluso ahora existe la especialización en "neuropsicología".

Muchos investigadores retomaron la idea básica que respalda a los tests de coeficiente intelectual: el factor "g". Descubierto en 1904 por el británico Charles Spearman para explicar la inteligencia desde un punto de vista medible, el factor "g" fue más tarde aplastado por el auge del psicoanálisis y la psicología social. Ahora vuelve por sus fueros.

Por ejemplo, la psicóloga Linda Gottfredson, profesora de Educación de la Universidad de Delaware, sostiene que los puntajes que se obtienen en las pruebas de coeficiente intelectual (CI) revelan el factor "g" y que este factor de inteligencia general está signado por la biología.

Asumiendo que la inteligencia viene dada por naturaleza, Gottfredson insiste en que los puntajes de CI predicen correctamente el éxito, tanto en lo académico o profesional como en la vida. Obtener un alto puntaje en un test garantizaría así el futuro. Sin embargo, es precisamente la mezcla de la inteligencia con el éxito social lo que construye tanta polémica sobre las capacidades intelectuales humanas de ayer, hoy y siempre.

El que no se equivocó nunca fue Woody Allen, quien solía decir que el cerebro era su segundo órgano preferido.

Como sea, el "factor g" ha sido también capturado en estudios recientes en imágenes del cerebro de personas mientras realizaban operaciones aritméticas, memorizaban algo o verbalizaban una situación. La corteza lateral del lóbulo frontal, sostienen los neurocientíficos, es decisiva para la inteligencia general.

En consonancia con el auge biológico para analizar la inteligencia, nuevos estudios encuentran una íntima relación entre la genética y la brillantez. A diferencia de lo que se cree, a medida que los chicos crecen, la influencia de los genes se hace más notoria en su capacidad para resolver problemas, razonar y aprender nuevas cosas.

El psiquiatra Robert Plomin, del King´s College London, estudió 11.000 pares de mellizos (la mitad de ellos idénticos genéticamente, es decir, gemelos). Así llegó a la conclusión de que, en la infancia, las variaciones de la inteligencia están dadas por los genes en un 44 por ciento. Cuando llegan a la adulez, la genética es responsable del 66% de la inteligencia general que muestran las personas. Según Plomin, los chicos que tienen una inteligencia alta utilizan el ambiente que los rodea para aumentar sus capacidades cognitivas innatas.

Se diría que la naturaleza no sabe de injusticias sociales y culturales. Por antipático que suene, concluyen los especialistas, algunas personas nacen más inteligentes que otras. ¿Para qué sirve la educación, entonces? "Para quienes llegan a la escuela con menores coeficientes intelectuales", alega Plomin.

En la vereda de enfrente de los biologistas, se ubican los que sostienen que el entrenamiento puede mejorar la memoria y, con ella, ciertos aspectos de la inteligencia. "Si bien hay quienes discuten que la inteligencia como capacidad pueda ser modificada, en la actualidad no cabe duda de que el rendimiento en diversas actividades intelectuales o cognitivas puede modificarse", afirma Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencia Cognitiva (Ineco) que es una referencia mayor en la especialidad.

Por su parte, la psicóloga y pedagoga Carla Sacchi, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Psicología Matemática y Experimental, subraya que la inteligencia es producto de la interacción entre los aspectos biológicos y las oportunidades existentes en una cultura. "El aprendizaje despierta una serie de procesos evolutivos internos, capaces de operar sólo cuando el niño está en interacción con las personas de su entorno y en cooperación con otros niños", enfatiza la investigadora del Conicet. Un niño malnutrido puede ver afectado su desarrollo intelectual durante la primera infancia, pero puede alcanzar luego una inteligencia normal o superior con estímulos adecuados del entorno.

La tendencia biologista, no obstante, continúa a toda marcha. No sólo llevó a algunos científicos a identificar genes vinculados con capacidades cognitivas sino también a asociar una variante de un gen ligado al colesterol con la inteligencia avanzada de ciertas personas. ¿No será mucho? No para quienes utilizan análisis genéticos o resonancias magnéticas con el objetivo de "leer" la inteligencia.

Recientes imágenes del cerebro de personas muy inteligentes muestran que sus conexiones neuronales, aun sin realizar ninguna actividad cognitiva, son más robustas que las del resto de la población. Exactamente lo mismo que se deducía del voluminoso lóbulo parietal de Albert Einstein: la clave reside en la conectividad y no en el "chip" de la computadora biológica de los genios.

Furor por medir

La medición del coeficiente intelectual floreció a partir de la primera década del siglo XX, cuando se desarrollaron los tests de Binet y de Weschler, que otorgan un puntaje a la realización de tareas visuales, verbales y numéricas en relación con la edad.

La aplicación de los tests de inteligencia a chicos y grandes se transformó en condición sine qua non para el ingreso a escuelas privadas, universidades prestigiosas y empresas que querían ser líderes. Al mismo tiempo, se utilizaron estos tests para discriminar a personas de diferentes razas y comunidades, a los que se comparaba estadísticamente con poblaciones blancas y bien nutridas.

La eugenesia, como movimiento que intentaba evitar la mezcla de la clase intelectualmente avanzada con las poblaciones "inferiores", nació en Inglaterra de la mano del estadístico Francis Galton, un primo de Darwin que retorció las ideas del gran naturalista para aplicarlas a lo social. Siguiendo esta idea, se esterilizó a inmigrantes, personas de clase baja o sin educación. El nazismo fue la expresión más extrema de la política eugenésica. Pero sólo cuando las ideas freudianas calaron en el mundo occidental se empezó a cuestionar el uso exclusivo de tests para evaluar la inteligencia humana.

A partir de la década del 70, los tests de inteligencia fueron motivo de escarnio por dejar de lado la capacidad emocional y otros talentos de las personas. El psicólogo estadounidense Howard Gardner saltó a la fama a fines de los 80, cuando publicó su teoría de la multiplicidad de inteligencias. Después de trabajar con músicos y artistas que habían sufrido ataques cerebrovasculares, Gardner postuló que la inteligencia humana tiene hasta nueve componentes diferentes, incluyendo la inteligencia del movimiento corporal, la interpersonal y la intrapersonal.

Pero fue el psicólogo y periodista Daniel Goleman quien se hizo millonario explicando las ideas de Gardner en su libro La inteligencia emocional .

Claro que, paradójicamente, la lucidez para manejar las relaciones afectivas no hubiera llegado mucho más allá de las listas de best sellers y la ola new age si no hubiera sido por el fervor de los neurobiólogos.

El hallazgo de las bases neuronales de la inteligencia emocional convirtió a este concepto en algo medible a nivel cerebral. El estudio, realizado con ex combatientes de Vietnam, reveló que se puede conservar la inteligencia analítica pero tener dañada la capacidad para juzgar las emociones de los otros o para planear respuestas apropiadas a una situación. La inteligencia emocional, concluyeron los científicos estadounidenses, tiene un lugar diferente al de la inteligencia general o abstracta en el cerebro.

"Es importante señalar que el cerebro trabaja en red", advierte el neurólogo Manes, también director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. "Cuando se realiza una actividad cognitiva, como tomar una decisión inteligente, se activan varias áreas cerebrales, nunca una sola."

Lo importante, subraya la investigadora Carla Sacchi, es que "la afectividad estimula el desarrollo y la organización de las funciones cerebrales desde la más temprana edad, regulando los procesos cognitivos y emocionales".

Ni los más estrictos científicos se atreverían hoy a decir que la inteligencia depende únicamente de la biología heredada. "Las pruebas que evalúan inteligencia han sido desarrolladas por una necesidad práctica y han demostrado ser útiles en algunas ocasiones pero no en todas. El humor, la sensibilidad, la creatividad son características que no miden los tests clásicos. Además, el ambiente, lo adquirido y aprendido durante el desarrollo de cada individuo, son clave. Es por eso que las definiciones y los tests sobre inteligencia siempre quedan chicos a la hora de relacionarlos con las acciones y decisiones de la vida real", subraya Manes.

Tal vez los valores liberales que imperan hoy en las sociedades modernas estén relacionados, como sostiene el polémico estudio de Kanasawa, con la evolución del ser humano. Pero nada es para siempre. Quién sabe qué preferencias o elecciones serán necesarias para sobrevivir mejor en mundos futuros.

De todos modos, ver al cerebro mientras procesa ideas y sentimientos, presentes y futuros, impresiona tanto como mirar a las estrellas. Hay tanto misterio allí afuera como en eso que hace a alguien ser inteligente.

¿Animales inteligentes?

El lenguaje, la tecnología y la capacidad simbólica de los seres humanos los ha diferenciado siempre de otros animales. Sin embargo, hay chimpancés que utilizan palitos para extraer la miel, aves monógamas que engañan a sus parejas, loros que hablan y monos que se miran al espejo, que socializan y que muestran cierta empatía hacia sus congéneres.

Más allá de la inteligencia que los dueños les atribuyen a las mascotas, cada vez resulta más difícil buscar una característica única para la especie humana. "Se está empezando a entender que la extraordinaria inteligencia del cerebro humano podría ser consecuencia de una combinación de propiedades que ya se encuentran en formas más básicas en primates no humanos, más que consecuencia de propiedades individuales", apunta el neurólogo Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias Cognitivas. A través de "saltos" evolutivos, el cerebro humano habría establecido mayores conexiones neuronales y una mayor inteligencia que el resto de los primates.


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miércoles, 21 de abril de 2010

La vieja escuela no sirve para el siglo XXI

por Virginia Arce
publicado en "La Nación" el 21 de abril de 2010
La socióloga Inés Aguerrondo, experta en temas educativos, consultora de la Unesco y ex secretaria de Educación de la Nación (1993-1999), está convencida de que la escuela tal como la conocemos y la forma en que hoy se ofrece la educación "murieron con la sociedad industrial y ya no le sirven a la sociedad del siglo XXI".

Aguerrondo es consultora del Instituto Internacional para el Planeamiento de la Educación (dependiente de la Unesco). Tiene 66 años y 40 de carrera profesional en el país y en el exterior.

Plantea la necesidad de crear nuevos espacios para la enseñanza, a los que llama "entornos de aprendizaje", y sostiene que hay dos agendas superpuestas: la de la mirada hacia atrás, sobre lo que deberíamos mejorar respecto de la educación tal como la conocemos, y la agenda de una mirada prospectiva, que estudie qué se debe hacer con la educación de aquí para adelante.

Graduada en Sociología con diploma de honor en la Universidad Católica Argentina, en 1966, Aguerrondo fue profesora de posgrado en Administración de la Educación en la Universidad Di Tella y en la Universidad de San Andrés.



-¿Por qué cree que la sociedad del siglo XXI necesita otro diseño de escuela?


-La escuela tradicional fue la manera eficaz que la sociedad industrial encontró para extender los horizontes del hombre. Ese modelo fue el de la modernidad, pero hoy la sociedad del conocimiento ha trasvasado estas necesidades. Hoy en día se habla de educación de todos, a lo largo de toda la vida. El espacio del aprendizaje no es sólo la escuela, sino toda la sociedad. Y el alumno ya no es el de antes, no sólo porque se porte peor que antes, aunque las cuestiones de la autoridad también se basan en otras cosas.

-Aludió a un tema clave. Al presentar el nuevo proyecto para la secundaria, la Presidenta dijo: "Sin autoridad, no hay institución ni aprendizaje".


-Totalmente de acuerdo. Pero hoy la autoridad se basa en otros criterios: no es la autoridad del rol social; es la autoridad de la persona, por su conocimiento, por su capacidad de interacción. Es cierto que se necesita quien conduzca el proceso de aprendizaje, pero el problema es que está en crisis la escuela como tal.


-Hay una realidad de la autoridad devaluada, que no existe, que es desafiada por los adolescentes. ¿Usted dice que esa autoridad debe basarse en el conocimiento?


-La escuela no transmite el conocimiento válido para el alumno, que, entonces, se aburre, porque no le ve sentido. La escuela está armada sobre la división del conocimiento de mediados del siglo XIX, cuando había "disciplinas". Hoy se organiza el conocimiento en torno a problemas. Además, hoy la lógica no es la autoridad de la disciplina por la disciplina, es decir, el estar callado, quieto? Hoy, la disciplina es lo que podemos llamar modelo de taller, con ruido, gente haciendo cosas, productos y resultados. Nos hemos quedado pegados a la mirada tradicional.


-¿Qué lugar ocupa la educación en el imaginario de la sociedad actual?


-La educación, como aspiración o como deseo imaginario, creo que sigue siendo valorada. Se sigue pensando que cuanto más educación, mejor. El día a día de la escuela es lo que me parece que se ha deteriorado en los últimos 20 o 30 años. El conjunto de la sociedad percibe que el Estado no le puede garantizar que los chicos vayan al colegio y se queden...


-¿La crisis de la escuela pública está emparentada con la desigualdad social, la pobreza y la marginación?


-No es un problema sólo de la Argentina: va mucho más allá de ella. Hay que cambiar el modelo tradicional. La educación es un bien intangible, que tiene solamente resultados en el largo plazo. Para darle una idea: la ley 1420, que, en 1884, estableció la obligatoriedad escolar, en un contexto en el cual solamente el 15 por ciento de la población iba a la escuela, cumplió su objetivo del 100 por ciento sólo en 1960. Lo que pasa es que en aquel momento las elites tenían un consenso muy claro de hacia dónde ir. Había una institucionalidad que sostenía políticas de largo plazo.


-Hace poco, el ministro Sileoni dijo que la pobreza y la desigualdad son los enemigos más importantes que tiene la escuela. ¿Cómo incluir a los desplazados, que concurren a la escuela pública, básicamente?


-El sistema tiene que tener la flexibilidad suficientes como para poder contener estas diferencias, pero sin contenerlas desde el facilismo. Abrir instancias, pero que no partan desde el facilismo, sino desde la oportunidad de aprender. No creo que los alumnos hoy no tengan interés en aprender. No tienen interés en aprender cosas que la escuela les ofrece de la manera en que la escuela se las ofrece. Por eso decía que la escuela es una propuesta inválida para esta sociedad. Lo cual no quiere decir que yo crea que mañana no habrá más escuelas. Por eso le mencioné lo de "entornos de aprendizaje", que tiene que ver con incentivar el aprendizaje entre pares.


-¿Cómo serían esos "entornos"?


-Quiero aclarar que la crisis de los sistemas educativos no es sólo propia de los países no desarrollados: es mucho más amplia, y abarca también a los países centrales. Estamos frente a una crisis del modelo clásico de escuela y todo lo que se haga por mejorar ese modelo es poco. La propuesta clásica del maestro con el pizarrón, dando la clase tradicional, tiene un límite. Hoy en día está muy claro que ésa no debe ser la manera de enseñar, que el aprendizaje tiene que ser entre los alumnos, que las actividades tienen que ser variadas, que el profesor no tiene que usar como único elemento la clase frontal clásica. Si uno pretende seguir sosteniendo un modelo organizativo e institucional generado hace 250 años, sin aggiornarse, las crisis serán siempre insolubles. No habrá manera de resolverlas.


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jueves, 11 de marzo de 2010

Filosofía con niños



Hoy inauguramos una nueva sección en este blog. En la columna de la derecha, pueden encontrar un espacio dedicado a "Filosofía con Niños". Por eso, a manera de introducción y de motivación, publicamos esta entrevista realizada a un reconocido autor, especialista y capacitador en "Filosofía para niños".


Entrevista a Gustavo Santiago

Entrevista: María Eugenia Di Luca para Revista “Novedades Educativas”
Publicada en EducaRed.org.ar


¡Atención!
Niños pensando

Desarrollar el pensamiento crítico, reflexionar, formular hipótesis y promover el diálogo constituyen ejes fundamentales en el proceso de aprendizaje. Pero no siempre se genera desde la escuela un espacio adecuado para que los niños aprendan a cultivar estas habilidades.
Fundación Leer dialogó con el profesor de filosofía Gustavo Santiago, autor de novelas filosóficas y asesor del programa de Filosofía para niños que, actualmente, se aplica en muchas escuelas.

¿Cómo surgió el programa Filosofía para Niños y cuándo se empezó a trabajar en estos temas en Argentina?
- El programa surge a fines de los ‘60 en Estados Unidos, a partir de la experiencia de Matthew Lipman. Él era profesor de la materia "Introducción a la lógica" en la Universidad, y les enseñaba a chicos de 18 y 19 años cosas que descubrió que hubiera sido interesante que las aprendieran antes. Así empezó a recorrer un camino para encontrar en qué momento los niños pueden filosofar. Para esto, comienza desde el punto de vista de la lógica y, después, incorpora la ética, la metafísica y la gnoseología. Al mismo tiempo empieza a crear recursos especiales y novelas filosóficas para trabajar en lo que después sería el programa de Filosofía para Niños.
El programa se extiende a escala mundial muy rápidamente y llega a la Argentina a principios de los años 90. Recién hacia 1993 se organizó un poco más el trabajo, cuando vinieron Ann Sharp y Matthew Lipman a dar cursos y conferencias al país. Y, finalmente, en 1994 fue tal vez el momento de mayor impulso porque se institucionalizó el programa y se lo organizó desde la Universidad de Buenos Aires.

¿En qué consiste el programa? ¿Cuáles son sus sentidos principales?
- En principio, la filosofía para niños no es un intento de que los chicos aprendan la historia de la filosofía sino más bien de que puedan filosofar. La práctica que se realiza en las clases con los niños es parecida a la práctica de los filósofos; se trata de que los niños aprendan estrategias para reflexionar comunitariamente al estilo de éstos. Se les da pie para trabajar en un sentido más profundo que espectacular de manera tal que vayan adquiriendo hábitos de reflexión y no pierdan, en el caso de los más chiquitos, inquietudes ligadas a la curiosidad que ya traen consigo y que el trabajo en la escuela tiende a ir deteriorando.
Quiero destacar que el programa de filosofía para niños no es para ser exhibido como un elemento de marketing desde las escuelas, tampoco es una fábrica de genios, ni de chicos conflictuados. Es una propuesta de trabajo que apunta a algo profundo y lento, a componentes que en algún sentido, no sólo la escuela, sino la vida contemporánea de nuestra sociedad fue perjudicando, como los elementos de diálogo con una puesta
a prueba de lo que uno dice. Estamos bastante acostumbrados a un intercambio formado por un monólogo detrás de otro, sin que nadie preste atención a lo que dijo la persona anterior para construir algo.
Por supuesto, el trabajo del programa apunta a que la clase no sea un encuentro para charlar y nada más. Se necesita que los chicos expresen algo propio y, a partir de eso, trabajar juntos para construir en común.
No es cuestión simplemente de opinar, sino de dar posturas fundamentadas, ponerlas a prueba, ver que otros, si tienen realmente en cuenta lo que yo pienso, lo van a cuestionar, y eso ayuda a pensar mejor.
Esta es la idea básica en cuanto a objetivos: que los chicos puedan aprender a desarrollar su pensamiento de una manera propia, pero a la vez trabajando en comunidad en forma cooperativa, no competitiva.

¿A partir de qué edad se puede empezar a trabajar la filosofía con los niños?
- El programa está pensando para trabajar desde los cuatro años hasta, por lo menos, toda la EGB. Es un programa muy a largo plazo que mantiene la misma estructura con chicos de cuatro años y con adolescentes, aunque lo que va avanzando es la profundidad de los temas.
Con un nene de un año que maneja el lenguaje se puede mantener un diálogo filosófico, pero individual. Si bien hay gente que propone trabajar desde sala de tres, yo defiendo el trabajo desde sala de cuatro porque me parece que en esta etapa es más frecuente que pueda haber un intercambio entre los chicos. Lo que plantea el programa es un trabajo en comunidad que con chicos chiquitos es difícil lograr porque cuesta mucho que se queden sentados, que hagan una ronda y que escuchen a uno sólo mientras habla. En las salas de cuatro y cinco, en cambio, empiezan a pasar cosas maravillosas debido al lenguaje, los hábitos comunitarios y la percepción de la realidad que se desarrolla de una manera impresionante. Todos estos elementos son importantes para tener en cuenta lo que dijo el otro, para desarrollar el diálogo y poder pensar mejor.

¿De qué manera se trabaja en el aula y cuál es el material que usan?
- La estructura es muy similar en sala de cuatro hasta noveno año: los chicos se sientan en círculo y se lee un texto especialmente preparado, generalmente una novela filosófica. En este trabajo se respetan cosas que en el jardín de infantes se cuidan mucho como por ejemplo, el trabajo en ronda, el escuchar al otro, el darle tiempo de
hablar. En este sentido, me parece que las maestras jardineras tienen una atención especial para ello, así como con el tema afectivo, que después la escolarización va descuidando un poco.
El material para las clases son las novelas filosóficas que están protagonizadas por chicos comunes, sin poderes, sin sucesos fantásticos. Los protagonistas tampoco están estereotipados moralmente, cosa que no es frecuente en los textos para chicos. Actualmente, hay muchos textos en los que abundan moralejas implícitas y explícitas que dificultan que el chico pueda pensar por sí mismo.
En las novelas filosóficas, en cambio, hay problemas y situaciones cotidianas. El personaje que en algún momento hace algo que se considera acción solidaria, en otro momento mete la pata y es egoísta como cualquier chico. Además, aparecen una serie de conceptos como la libertad, la amistad, la verdad, la justicia, la felicidad, qué es la
realidad, cómo conocemos, entre otras cosas. Todos estos son temas clásicos.
Entonces, sobre la base del texto lo que se hace es discutir a partir de problematizaciones que hacen los chicos. Son ellos los que, de cada texto, eligen sobre lo que quieren hablar, con lo cual puede pasar que lo que el docente crea que es el tema de un episodio no coincida con lo que resaltaron los chicos. Eso pasa muchas veces y es parte de la riqueza del trabajo. El docente planifica la clase y si los chicos
quieren tratar otra cuestión, la planificación servirá de apoyo para una especie de improvisación.

Además de las novelas filosóficas y los materiales especialmente preparados, ¿con qué otro material se puede trabajar?
- Uno puede preguntarse por qué no hablar de la realidad, de las cosas que les pasan a los chicos en vez de utilizar las novelas. ¿Por qué no trabajar un taller de ética, de conflictos o mediación para resolver las cosas que les suceden? El asunto es que, mediante la ficción, los chicos pueden tener mayor protección de sí mismos y pueden reflexionar los temas con más libertad. Están más cómodos hablando de
los personajes, así se evitan una toma de partido que lleva a peleas cuando hay ciertos conflictos que se presentan en el aula. La idea de este trabajo es que redunde en una mejora de las relaciones entre los chicos, en un crecimiento no sólo individual, sino grupal. Pero para hacerlo se necesita que los chicos reflexionen, y en esto la protección de la ficción es importante.
También nos podríamos preguntar por qué no trabajar con temas de la actualidad. Pero me parece que hay un error en la idea de considerar que los medios muestran la realidad y que el docente tiene que estar corriendo detrás de la noticia de la semana para que los chicos charlen sobre eso. No hay que olvidar que los medios construyen esas noticias, las producen, en algunos casos, casi ficcionalmente y con ciertas
intenciones. En efecto, la educación puede tener objetivos distintos de los que tienen los medios de comunicación. Es posible armar un temario que a los chicos les interese realmente y que les resulten más productivo para sus vidas que lo que los medios quieren que esta semana piensen.
Sobre todo en filosofía con chicos grandes, existe esta idea de que hay que trabajar con los temas de actualidad y entonces rápidamente cae en usar el diario y la TV. Pero esto es un error, según mi experiencia a los chicos les interesa más lo que pasa en una novela que lo que pasa en los medios. Por otro lado, también se realizaron trabajos con obras literarias como "Alicia en el país de las maravillas", "El principito" o libros de mitología que resultaron interesantes. Pero las novelas filosóficas están especialmente preparadas para trabajar el programa, y como recurso pedagógico funcionan mejor. Por un lado, tienen un estilo de escritura oral, son episodios cortos. Por otro, a los chicos les interesa, se entusiasman con los personajes y con las escenas de la vida cotidiana.

¿Cuál es el rol específico del docente en este programa?
- En principio, lo que el docente hace es ofrecer el texto. Los chicos, a partir de ahí, buscan problemas, algunos aspectos que les interesen para discutir. En general, los expresan a través de preguntas y después ellos deciden qué pregunta discutir y la discuten. La tarea del docente es la de coordinar la discusión tratando de que sea una
discusión y no una expresión de opiniones sueltas. Es decir, que haya posturas fundamentadas, que tengan en cuenta lo que dijeron los compañeros antes, que vayan construyendo algo.
Hay una serie de herramientas detalladas que utiliza el docente a través de preguntas. La idea es que tengan más recursos que la pregunta por qué. Algunos de los elementos son las categorías lógicas que permiten detectar supuestos, evaluar razones, hacer inferencias, prever consecuencias y una cantidad de preguntas que ayudan a argumentar bien para que puedan pasar de una opinión a una postura. De esta manera saben qué es lo que están diciendo y los alcances de lo que dicen. Esto está en relación con una especie de sensibilidad ética que tiene que ver con ponerse en el lugar de otro. Por ejemplo: si afirmo algo, ver cómo me sentiría si en lugar de ser el que lo afirma fuera el que lo escuchase, pensar si lo que afirmo me gustaría sostenerlo siempre, si me gustaría vivir en un mundo en el que pasara esto o aquello, cuidar la relación entre discurso y acción; esto es, si lo que digo es lo que hago o no.
Todo esto introduce la discusión y ayuda a pensar desde un punto de vista lógico y argumentativo pero también tener en cuenta el lugar del otro.
Si un docente tiene que dar una clase de biología, él sabe qué respuesta quiere transmitir y aunque plantee el trabajo desde una postura constructivista, sabe a dónde va a llegar. En cambio en filosofía, si el docente es honesto consigo mismo, sabe que no sabe qué es la verdad, qué es la libertad, qué es la felicidad, aunque para poder vivir adhiera a alguna postura de alguna clase, ya sea ética, religiosa, política, o se
mantenga en un cierto sentido común. Sabe que si se pone a reflexionar en serio sobre estas cuestiones no tiene una solución. Justamente, los problemas filosóficos son planteados para que uno crezca al pensarlos sin cerrar las discusiones.
Volviendo al rol del docente, entonces, la ventaja con la filosofía es que éste no está expuesto. Coordina la discusión desde lo procedimental y lo actitudinal pero no aporta conceptualmente. Aún cuando los temas sean espinosos para el docente, él sabe que su tarea es tratar de que los chicos lleguen a las conclusiones más ricas y más auténticas para ellos.

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lunes, 8 de febrero de 2010

¿Existen sentimientos universales?


La ciencia investiga emociones básicas comunes a todos los hombres.

La Nación, 24 de enero de 2010

LONDRES.- ¿Puede nombrar seis emociones básicas? Realice un tanteo entre sus amigos y le garantizamos que no encontrará consenso. Sin embargo, los psicólogos coinciden: alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa y aversión.

Estas son las seis grandes emociones, literalmente, las que todo el mundo exhibe con las mismas dramáticas y características expresiones faciales. Ellas han sido objeto de profundas investigaciones durante más de medio siglo y aun más, debido al papel que han jugado en nuestra supervivencia como especie.

Sin embargo, los tiempos han cambiado. Nuestros ancestros pueden haber tenido la necesidad cotidiana de temer a sus predadores, enojo para conquistar al adversario o repugnancia para evitar enfermedades, pero vivimos en un mundo más sutil, en el cual otras emociones han aparecido. Hoy, son muchas las contendientes. La avaricia, la vergüenza, el aburrimiento, la depresión, los celos y el amor, por ejemplo, pueden representar a la era moderna. Aun así, hoy algunas emociones más oscuras pueden ser cada vez más relevantes.

Aquí exploramos cinco de ellas, cualquiera de las cuales puede ser promovida a una categoría cercana a las seis grandes emociones.

ÁNIMO EN ASCENSO

Elevación


En medio de la crisis económica del año pasado, el discurso inaugural de Barack Obama fue poderoso e inspirador. Algunos de sus partidarios, al escucharlo, habrán tenido lágrimas en sus ojos, una sensación de hormigueo en la nuca y un cálido sentimiento en el pecho como si se estuviera abriendo a un desborde de amor y de esperanza. Este sentimiento es lo que Jonathan Haidt de la universidad de Virginia, Charlottesville, etiquetó como "elevación".
Parece ser un sentimiento universal: ha sido documentado en Japón, la India, los EE.UU. y en los territorios palestinos. Eso la coloca en la misma liga que las seis grandes emociones, siempre y cuando tenga también un propósito. Si las emociones son para cumplir un papel como asistentes de la supervivencia, deben motivar actividades que nos ayuden en la lucha. Entonces, ¿para qué sirve la elevación?
La idea de Haidt nació de la sensación de ahogo que a menudo describe la gente al experimentar la elevación. Esto indica que el nervio vago está involucrado, ya que es el responsable de estimular la garganta y los músculos del cuello. La activación del nervio vago también está ligada a la liberación de la hormona llamada oxitocina, la que genera sensaciones de calidez y de calma, de la clase que se asocia con la elevación.
Pero contrariamente a las seis grandes emociones, no tiene una característica expresión facial. Si se aprecia el contexto, se puede detectar que los rasgos se suavizan levemente, dice Haidt. A veces, las cejas se elevan como si la persona estuviera triste.

LA EMOCIÓN CURIOSA

Interés


La cabeza se inclina hacia un lado, el habla se acelera y los músculos de su frente y de alrededor de los ojos se contraen mientras uno está absorto en aprender una sonata con el fagot, en comprender la termodinámica del universo o quizá sólo en ojear una colección de estampillas. El interés puede ser más difícil de identificar que el miedo o la alegría, pero igualmente posee una de las características de una emoción básica, su propia expresión facial.
El interés parece también tener una finalidad. El psicólogo Paul Silvia, de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos, cree que motiva a la gente a aprender "no por dinero ni para un examen", sino para sí misma, para incrementar el propio conocimiento y sólo porque se desea. Esto podría explicar por qué el interés tiene importancia en el mundo moderno. Puede ser visto como la contrapartida del miedo y de la ansiedad que rodea a las experiencias desconocidas. Sin el interés nos alejaríamos de las cosas nuevas y complicadas porque tienden a ponernos nerviosos.
"Esto tiene sentido si pensamos en términos de historia evolutiva, ya que las situaciones desconocidas a menudo pueden ser peligrosas", asegura Silvia. "Pero en el mundo moderno, sería desastroso porque no podríamos crecer intelectualmente."
Un criterio que algunos psicólogos utilizan para definir una emoción básica es que debe estar asociada a una aberración o una patología. El exceso de miedo, por ejemplo, genera pánico o ansiedad crónica. Igualmente demasiado interés da como resultado conductas repetitivas, abrumadoras y compulsivas.

ESTIMULA LAS REACCIONES

Gratitud


Antes que satisfacer los más estrictos criterios de las emociones, la gratitud tiene sus propias formas de manifestarse, por lo que su expresión facial tiene todavía que ser identificada a pesar de que es fácil especular lo que puede involucrar: una sonrisa, quizás un gesto con la cabeza. Sin embargo, todavía se deben realizar estudios sobre culturas no occidentales.
Como todas las emociones que merecen ese nombre, la gratitud nos motiva a actuar: hace que queramos reconocer y retribuir una amabilidad o un gesto cordial. Así la gratitud podría, simplemente, asegurar un mecanismo de recompensa, pero una nueva investigación sugiere que puede ser más que eso.
Sara Algoe, de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapell Hill, Estados Unidos, encontró que la gratitud hace que las parejas que conviven se sientan mejor conectadas. Ella sostiene que los gestos verdaderamente amables nos ayudan a encontrar a los individuos que realmente nos "atrapan".
El sentimiento de gratitud es una señal de que deberíamos conocerlos mejor, ya que ellos son los que probablemente estarán allí para nosotros en el futuro. Por eso, una vez que se está en una relación romántica, los sentimientos de gratitud sirven como pequeño recordatorio de lo buena que es nuestra pareja.
La gratitud a largo plazo, afirma Algoe, está allí para ayudarnos a promover un ciclo positivo de dar y de recibir, y crea una espiral ascendente de satisfacción en la relación.

EMOCIÓN CON DOS CARAS

Orgullo

El orgullo ha sido llamado el más mortal de los siete pecados capitales. Sin embargo, puede también ser noble. Todos conocemos el satisfactorio sentimiento de logro y de autoestima que proviene de haber realizado algo bien. Por eso Jessica Tracy, de la Universidad de Columbia Británica, Canadá, distingue entre lo que ella llama "orgullo desmesurado" y "auténtico orgullo".
Ambos tipos hacen que la gente incline la cabeza hacia atrás, separen sus brazos del cuerpo y traten de mirar lo más lejos posible. Pero contrariamente a las emociones básicas, el rostro sólo juega un papel pequeño: sólo una suave sonrisa que lo atraviesa. Tracy lo considera una emoción básica: lo encontró, incluso, en personas ciegas de nacimiento, lo que indica que es innato.
Entonces, cuál es el objetivo del orgullo. En general, cuando la gente ve expresarse al orgullo lo asocia con un estatus alto. De esa manera, éste nos motiva a hacer las cosas bien para ganar respeto. Existen dos maneras de hacerlo, lo que quizás explique los costados secundarios del orgullo.
El estatus puede adquirir dos formas, asegura el antropólogo Joe Henrich, de la Universidad de Columbia Británica. El primero se basa en el dominio: los individuos más fuertes son reverenciados porque pueden dominar o matar a otros. El segundo tipo de estatus tiene que ver con el prestigio. En este caso, el respeto y el poder se ganan a través del conocimiento o de la habilidad. "Esto se ajusta a los dos tipos de orgullo”, afirma Tracy. Uno está asociado con la agresión y la extrema confianza, mientras que el otro motiva el trabajo duro y el altruismo.

ALIADA DEL CAMBIO

Confusión


Es un sentimiento que todos nosotros hemos experimentado, pero es difícil de describir. Dachter Keltner, de la Universidad de California, Estados Unidos, sugiere que es "el sentimiento de que el entorno nos está dando información insuficiente o contradictoria". Pero, ¿es la confusión realmente una emoción? Para algunos psicólogos la idea es escandalosa. Otros describen la confusión como la más marginal de las emociones. Igualmente, Silvia piensa que hay buenas razones para considerarla una emoción básica porque es tan fácil de identificar. Se frunce el ceño, los ojos se cierran, se puede incluso morder el labio, uno reconoce la confusión cuando la ve. De hecho, un estudio encontró que era la segunda expresión más reconocible diariamente, sólo superada por la alegría. Y ¿para qué sirve la confusión? Es una emoción basada en el conocimiento, de la misma familia del interés y de la sorpresa, dice Silvia. El cree que es la forma que tiene nuestro cerebro para decirnos que la forma en que estamos pensando acerca de las cosas no está funcionando, que nuestro modelo mental del mundo es imperfecto e inadecuado. A veces, esto nos hará retroceder, pero también puede motivarnos para prestar atención o para cambiar nuestra estrategia de aprendizaje. Otra idea es que una expresión facial de confusión alerta a los otros para ayudar a la persona confundida. De ser así, la confusión sirve para brindar un nuevo conocimiento y para alentar las relaciones sociales, lo que hace de ella, quizá, la emoción perfecta del siglo XXI.

Por Juana Libedinsky
“New Scientist”, traducción de María Elena Rey


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sábado, 19 de diciembre de 2009

Jérôme Bindé: "Ya no existen los valores tradicionales"

Para el director de Prospectiva de la Unesco, se vive un crepúsculo moral

La Nación, miércoles 14 de marzo de 2007


Bindé: "Somos responsables del futuro porque somos responsables del presente"


PARIS.– “Las sociedades contemporáneas sufren una crisis de valores. Los que ayer se consideraban importantes fueron desplazados por los frívolos. Esta crisis ya no es sólo la de los marcos morales tradicionales, heredados de las grandes confesiones religiosas, sino también la de los valores laicos que los sucedieron.”

Tal es la conclusión a la que llega Jérôme Bindé, catedrático en Letras y director de la Oficina de Prospectiva de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en el libro que dirigió: “¿Hacia dónde se dirigen los valores?” (Fondo de Cultura Económica).

“El crepúsculo de los valores dejó una sociedad inmadura. Las tres edades de la vida están confundidas y se crean y recrean en el presente. Las nuevas tecnologías, la aceleración del saber y el conocimiento dieron lugar a este fenómeno”, sostiene Bindé.

“Ya no existe un patrón fijo de valores, de medida estable y absoluta. Todos los valores fluctúan en un amplio mercado. Sus cuotas suben y bajan según los entusiasmos, los pánicos y las más subjetivas apuestas", explica Bindé. Agrega: "Por ejemplo, la moda, que hasta ahora sólo se refería a ámbitos dominados por lo arbitrario y la conveniencia, como es el vestir, invade toda nuestra concepción de valores". El nihilismo y la pérdida de sentido provocan sufrimiento, ya que existe la percepción general de que el mundo atraviesa una crisis. De ella saldremos, según Bindé, no sin valores, pero sí con una escala de ellos diferente de la que hemos conocido.

Bindé agrega que no se puede vivir en la tiranía de la instantaneidad. Dice que para paliar esta falta de sentido la solución que propone la Unesco es la educación permanente, un tema medular del reciente informe mundial “Hacia las sociedades del conocimiento”, coordinado por el propio Bindé (se la puede consultar por Internet en http://www.unesco.org).

-¿Hacia dónde se dirigen los valores?
-Es una pregunta crucial de la época contemporánea. Muchos ciudadanos se preguntan si las instituciones en las que tradicionalmente tuvieron confianza son hoy dignas de confianza. Algunos se preguntan, por ejemplo, cuando les dicen que les convendría someterse a una intervención quirúrgica, si es realmente por una cuestión de salud o por razones económicas o materiales, para aumentar los beneficios de los servicios médicos. ¿Podemos confiar en la escuela si la inseguridad y la incivilidad reinan y si se instala en ese ámbito la falta de ética? ¿Podemos confiar en las instituciones políticas en una época violenta, signada por los atentados? La pérdida de sentido sólo constituye una respuesta triste y parcial. Sería mejor hablar de deslices de sentido y de creación de sentidos nuevos.

-Se refirió a la frivolización de los valores. ¿Cómo es eso?
-Una evolución nihilista de la humanidad desembocó en la frivolidad de los valores. Es, un poco, el mundo de la oferta y la demanda. Los valores suben y bajan. Esto se ve reforzado por el papel de los medios de comunicación, ya que la lógica bursátil, al igual que la moda y las tendencias de corta duración, implica tener en cuenta indicadores momentáneos.

-¿Cómo llegamos a esta crisis?
-Si hay algo que nos enseñó el siglo XX es que la crisis de los valores tiene dos caras: por un lado, una totalmente trágica, que llevó al exterminio de millones de personas en la Segunda Guerra Mundial, y por el otro, una dimensión del crepúsculo de los valores con una cierta levedad del ser que va de la mano de la falta de madurez de la sociedad. Eso da lugar a las nuevas éticas: el juego, la disponibilidad, lo lúdico, el rechazo de la seriedad ya se ven en Nietszche y en Gide. Son éticas particulares de artistas, éticas sin obligaciones ni amenazas de sanciones. Asistimos a la "juvenilización" de la sociedad, una sociedad cada vez más inmadura, en la que el ser humano parece no llegar a la edad adulta y permanece en la juventud.

-¿Por qué se da este fenómeno?
-Por diversas razones. Por ejemplo, porque la esperanza de vida es cada vez mayor. Por un lado, tenemos, como lo afirma Michel Serres, cuerpos más sanos, más fuertes, que hacen que la juventud sea mucho más larga y que, por lo tanto, las diferentes edades de la vida se confundan. Tenemos una adolescencia muy prolongada . Vemos esta edad indefinida, en la que todos tienen, más o menos, los mismos deseos. Antes el ser humano tenía una infancia, una juventud y una vejez. Hoy la división entre estas tres edades es cada vez más borrosa. Antes se pasaba de la edad en que se aprendía a la edad en que se trabajaba y se ejercían responsabilidades. Luego se entraba en la vejez y, en cierta forma, en la sabiduría. Todo esto está hoy confundido. Esto coincide con otra evolución, que es la educación o el aprendizaje permanentes, durante toda la vida. Esto quiere decir que el ser humano es siempre un alumno, un estudiante casi a perpetuidad. Esto significa una transformación profunda de la relación entre el maestro y el discípulo, entre el que tiene el conocimiento y el que lo recibe.

-¿Ya no existe esa relación?
-Está desordenada. Los adultos que tienen el conocimiento se tienen que enfrentar, a veces, con jóvenes que también lo tienen. Tenemos los conocimientos nuevos, los que están en la Red, típicos de los jóvenes. Vemos, entonces, en el sistema educativo, y también en el profesional, que el saber de la experiencia está desestabilizado, jaqueado por el saber de la Red. Hay una relación y un cambio en la sociedad.

-Cuando afirma que ya no estamos más en una situación de maestro y discípulo, plantea también el problema de la autoridad representada en esta relación. ¿Quién ejerce esta autoridad faltante?
-En efecto: desaparece aquella autoridad en la forma en que la conocimos. La consecuencia es que nacen caricaturas de autoridad, que se crean por la falta de esa carencia de autoridades clásicas. Hay fenómenos excéntricos, con líderes carismáticos que intentan colmar ese vacío de autoridad. También los sistemas de seguridad externos vienen a colmarlo, creando un universo de hipervigilancia, con cámaras de seguridad y una sociedad observada, la sociedad de la vigilancia. Pero hay otro síntoma, y es la transformación de las instituciones que simbolizaban la autoridad, como la familia.

-La familia, justamente la que aseguraba la transmisión de los valores...
-La familia figura siempre en el primer lugar. Se podría decir que nada cambió. Pero no es así: no son los mismos valores familiares. En treinta años cambiaron enormemente. Pasamos de lo que ayer se conocía como la familia ley, por la ley patriarcal, a la familia contrato, y, finalmente, a la familia de tipo asociación, que es una familia en la que todo se negocia como en una ONG y en la que no hay más una única autoridad. La institución símbolo del orden social cambió, ya no es más lo que era antes. Pero, de todas maneras, hay elementos que hacen contrapeso a esa carencia. Por ejemplo en el universo familiar, como consecuencia del aumento de la esperanza de vida y de que los padres están más ocupados, porque ambos trabajan, son los abuelos los que transmiten ciertos valores. No todos los elementos de transmisión desaparecieron.

-¿Qué entiende por ética del futuro?
-Una manera de que las decisiones del presente tengan una visión del futuro. Se tienen que tomar decisiones hoy para el futuro. La prospectiva es el arte de anticipar en un mundo incierto. Tenemos hoy tendencias que no serán buenas en un futuro. Se deberán tomar decisiones, y noto que hay cierta preocupación entre los dirigentes por ello. Durante mucho tiempo no hubo conciencia de esos problemas, pero hay evoluciones netas que se producen. Si serán suficientes o rápidas es otra pregunta. Esta ética del futuro subraya la necesidad de incorporar una nueva noción de la democracia que no sea sólo instantaneísta, sino también prospectiva.

-¿Es hacerse responsable de nuestras acciones de hoy?
-En pocas décadas se produjo este cambio extraordinario de la noción de la responsabilidad. Cuando era niño la responsabilidad era que nos hiciéramos cargo de nuestros actos: la responsabilidad se ejercía sobre lo pasado. En las últimas décadas la noción de responsabilidad tuvo una inversión temporal y hoy concierne cada vez más al futuro. Somos responsables del futuro porque somos responsables del presente.


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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Neurociencias y conductas: raíces de la empatía y la moral

Desentrañan claves de la conducta social. Las neurociencias comienzan a dar respuestas a preguntas como por qué lloramos, ayudamos a otros o tenemos gestos altruistas.


Nora Bär
LA NACION, 8 de noviembre de 2009


En “La naranja mecánica”, de Stanley Kubrick, un grupo de jóvenes deambula por la ciudad moliendo a palos a sus víctimas. La escena de ficción, oscura parábola que en 1971 se acercaba a la escalofriante violencia de ciertos hechos de la actualidad, sólo parecía justificable por la imaginación del novelista que diseñó esa trama: Anthony Burgess. Sin embargo, hace un par de años, el neurobiólogo francés Jean Decety descubrió que si les mostraba a adolescentes con problemas de conducta videos de personas golpeadas, se les activaban los circuitos cerebrales de la empatía, pero también los centros del placer...

La agresividad, la empatía, la preocupación por los demás, el altruismo, la ética y la moral son engranajes centrales de la vida de nuestras sociedades. En los últimos años las neurociencias han empezado a desentrañar estos complejos procesos cognitivos que nos vinculan con nuestra familia y nuestros descendientes, y a la sociedad en su conjunto. Algunos de los más destacados protagonistas de esta verdadera "revolución del cerebro" estuvieron días atrás en Buenos Aires en el Simposio Internacional de Neurociencias Cognitivas y Neuropsiquiatría, organizado por el Instituto de Neurociencias Cognitivas (Ineco).

"La cognición social procura entender y explicar cómo los pensamientos, las sensaciones y el comportamiento del individuo se ven influidos por la presencia real o imaginaria de otros” -explica Facundo Manes, director de Ineco y del Centro de Neurociencias de la Fundación Favaloro-. Los trabajos realizados en este ámbito son diversos e incluyen paradigmas diferentes; por ejemplo, el reconocimiento de expresiones faciales y el procesamiento de emociones. La teoría de la mente es la capacidad humana de darse cuenta de que otras personas tienen deseos y creencias diferentes de las nuestras y que su comportamiento puede ser explicado en función de ellos. Esta capacidad de reconocer la naturaleza de nuestras creencias y la de los demás es vital para la vida en sociedad y para la transmisión de la cultura.

Según explica Manes, los sustratos neurales que subyacen a estos procesos son poco conocidos, pero las investigaciones están empezando a descubrirlos. Ninguno se asienta en una estructura única, sino en varias áreas del cerebro que actúan integrada y alternadamente. Algo de eso ocurre en la gestación de una conducta moral. "No hay regiones de la mente dedicadas a la moral" -dice Jorge Moll, del Centro para las Neurociencias LABS-D´Or, de Río de Janeiro-. Para cualquier proceso cognitivo se necesita la orquestación de diferentes tipos de conocimiento que trabajan juntos. ¿Cómo emerge el cerebro moral de la interacción entre factores culturales y biológicos? Aunque todavía está en su infancia en este tema, la neurociencia cognitiva tiene algunas respuestas.

Por ejemplo, hay estudios que muestran que pacientes que exhiben daño focalizado en un área del córtex prefrontal tienen déficits en los comportamientos de orgullo, vergüenza y arrepentimiento, y otros que están asociados con dificultades para atribuir intencionalidad.

"Mostramos en personas sanas que las decisiones altruistas, tales como donar dinero a la caridad, activan en nosotros los mismos circuitos cerebrales que ganar dinero -dice Moll-. Es más: detectamos que existe una región específica del cerebro para las donaciones, lo que sugiere que donar dinero, pero no ganarlo para nosotros mismos, está vinculado con las respuestas de cohesión social."

El primer escalón para el comportamiento moral es la empatía. "La chispa de la consideración por los demás", define Jean Decety, editor en jefe del Journal of Social Neuroscience y director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva Social de la Universidad de Chicago. Y agrega: "¿Por qué es tan importante? Porque se la considera la argamasa de la cohesión social, y hay una asociación entre empatía y moral. La experiencia de la empatía nos llea a comportarnos de forma moral. Pero aunque frecuentemente la gente piensa que tener mucha empatía es algo bueno, yo digo que tiene que ser regulada, porque puede agotar nuestros recursos emocionales."

La empatía es la habilidad natural de compartir y apreciar los sentimientos de otros. Es una condición necesaria, pero no suficiente para la compasión. "La primera está centrada en el propio individuo; la segunda está centrada en el otro", dice Decety. Según esta definición, la empatía es neutral; es buena, pero también puede conducir a la crueldad.

Tanto la moral como la empatía son producto de la evolución; las compartimos con casi todos los mamíferos y surgen muy pronto en la vida. A las 18 horas de nacer, si un bebe llora en la nursery, los demás se ponen a llorar. Esa resonancia emocional es innata y abre el camino a la empatía y la moral.

Para desmontar sus componentes, Decety la estudia a partir de la red social del dolor. "¿Por qué lloramos? -se pregunta-. ¿Por qué tenemos que expresar dolor? El dolor es un mecanismo homeostático para mantener el cuerpo en buen estado. Pero a través de la selección natural, el sistema del dolor respalda y motiva la capacidad de cohesión social. Si uno quiere a alguien, se siente mal cuando esa persona sufre."

Decety descubrió que la empatía no siempre nos mueve a actuar, sino que al ver a personas en una situación que les produce dolor, se activan circuitos cerebrales vinculados con el peligro, y la primera reacción es de evitación. Para trabajar con eso diariamente, como les sucede a los médicos, es necesario regular la empatía, y el investigador pudo probar que en ellos bastan estímulos de 2,2 segundos para que se active una región del córtex prefrontal que regula la emoción en la ínsula y la amígdala.

Debido a la plasticidad de nuestro cerebro, tanto nuestro sentido de la empatía como de la moral pueden modificarse frente a las experiencias tempranas, la cultura y la educación. "Los circuitos son innatos, pero también responden a la experiencia personal", afirma Josef Parvizi, de la Universidad de Stanford.

"El abuso social y el abandono pueden alterar las conexiones cerebrales de un niño -dice Moll-. Donde un chico que fue bien cuidado podría mostrar generosidad, otro puede tener sus circuitos guiados por la supervivencia, el dominio. Si uno abandona a los niños en ambientes de violencia, ¿qué obtiene después de 15 años? Un cerebro cableado para la violencia. Esto acrecienta la responsabilidad de la sociedad."

"Por la evolución tenemos sistemas en el cerebro desde el nacimiento que buscan las interacciones sociales -concluye Decety-. Nosotros tratamos de entender por qué nos preocupan los demás, por qué a veces la empatía no funciona o hay problemas entre grupos. Somos todos de la misma especie y no hay forma en que podamos sobrevivir sin los demás."

Antonio Damasio y Antoine Bechara observaron que pacientes con daño en su córtex prefrontal pueden detectar las implicancias de una situación social, pero no tomar decisiones apropiadas. "Mostramos que individuos normales desarrollan respuestas galvánicas, de piel, cuando contemplan una decisión arriesgada, y comienzan a elegir ventajosamente antes de ser conscientes de la mejor estrategia, pero pacientes con daño en el córtex prefrontal se comportan como si fueran insensibles a las consecuencias futuras; se guían por la recompensa inmediata -dijo Bechara-. Este mecanismo podría vincularse con las adicciones."

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viernes, 6 de noviembre de 2009

Homenaje al maestro: entrevista a Lévi-Strauss

por Octavi Martí


Publicada por Clarín, 22 de mayo de 2005


Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 1908-2009) no sólo es la principal figura en el mundo de la etnología a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, sino también un extraordinario escritor y un filósofo de primera magnitud, padre de la escuela estructuralista. La presente entrevista fue realizada cuando tenía 97 años. Privilegio de la edad, puede decir y hacer respetar su angustia ante las concentraciones humanas. Se presta de buen grado a la entrevista, un ejercicio en el que se muestra brillante y preciso, apenas un poco impaciente ante la necesidad de tener que precisar por enésima vez lo que, de ser lectores atentos de su obra, ya debiéramos haber comprendido hace mucho tiempo.

Cuando usted estudiaba, el eurocentrismo impregnaba todos los discursos. Hoy el multiculturalismo y el constante elogio del mestizaje cultural son dominantes. ¿Qué impresión le produce esta evolución a alguien que se ha interesado por probar la unidad del género humano a partir del análisis de sociedades como la de los bororos o los caduceos?

Lo que llamamos pensamiento europeo, nuestra civilización, es el fruto de aportaciones que vienen de otras latitudes, que son el resultado del contacto entre los distintos pueblos y culturas del continente pero también de nuestros viajes. Europa siempre ha sido un continente mestizo, por emplear el mismo término. La gran diferencia que hemos visto en el siglo XX es la aceleración de la comunicación. Viajamos más deprisa, lo que antes necesitaba semanas o meses de barco ahora se recorre en unas pocas horas, pero también es cierto que antes salías de un puerto comercial de una vieja ciudad muy activa para llegar a otro de un mundo en construcción, mientras que ahora despegas de un aeropuerto y aterrizas en otro casi idéntico. El mestizaje, la fusión, necesita tiempo, madurar, pero la extraordinaria aceleración del siglo XX no deja tiempo para asimilar las influencias del otro.


¿El famoso mestizaje se hace siempre en detrimento del más débil o, por decirlo de otra manera, es una ideología que encubre otra forma de colonialismo?

Es usted quien lo dice, pero no voy a desmentirle. Su pregunta pone el dedo en una contradicción fundamental. No todo lo que se inscribe en el largo inventario del "patrimonio de la humanidad" se hace por razones puras. La preocupación por los ingresos derivados del flujo turístico juega un gran papel en el comportamiento de los Estados.

La perspectiva de dar cursos de filosofía, cada año el mismo programa, le incitó hace 70 años a irse a São Paulo para dar clases de unas materias de las que no tenía experiencia como la sociología y la etnología. ¿Qué clases daba?

Fui allí a partir de una sugerencia de Paul Nizan. La etnología aún no tenía caladero propio y pescaba en aguas consideradas afines, como era la filosofía. En sociología había leído los trabajos de la escuela de sociología urbana de Chicago que tenían como idea fundamental el tratar la ciudad como un objeto complejo cuyo crecimiento respondía a leyes reconocibles, lo que yo llamo invariables. De São Paulo se decía entonces que era una ciudad peligrosa porque podían darte cita en una esquina que no existía cuando tú llegabas, pero que ya estaba edificada cuando acudía la persona que te había citado. Era la posibilidad de ver crecer una ciudad ante mis ojos, de asistir en cuestión de pocos años, meses y semanas a ese proceso que en Europa había llevado años. En 1935 había una compañía inglesa de ferrocarril que estaba tendiendo una línea nueva en el Estado de Paraná y creaba una ciudad nueva cada 25 o 30 kilómetros. La primera tenía entonces unos 2.000 habitantes y hace poco me invitaron a su cincuentenario y tiene un millón. La segunda ciudad tenía unos pocos centenares de habitantes, la tercera tres decenas y la que entonces era la última del trazado, un solo habitante, un francés que buscaba la aventura. Hice un esbozo de cómo era previsible que fueran a crecer.

¿Y con los alumnos?

Les propuse que hicieran monografías sobre su calle, sobre su barrio, que estudiasen todas esas transformaciones...

Su primer viaje hacia el interior, su encuentro con los bororos, es el fruto de una expedición en tiempo de vacaciones.

Sí. Para un etnólogo con mejor formación que la mía toparse con los bororos era toparse con el paraíso. Se trataba de una sociedad cuya cultura material estaba intacta, en la que seguía existiendo un arte de la pluma extraordinario, tal y como puede verse en la actual exposición del Grand Palais, de París, una sociedad con una organización social compleja y rica, bien distinta de la que descubrí en los nambikwara.

¿En qué momento está usted en situación de sacar conclusiones de esas expediciones?

Lo que de verdad era o podía ser la etnología lo aprendí más tarde, a principios de la década de los cuarenta, en la Biblioteca Pública de Nueva York, después de haber escapado de la Francia de Petain. Ahí, leyendo, completé mi formación de etnólogo. Entremedio ya había conocido a Marcel Mauss y le había hablado de la organización exogámica entre los bororos. Sabe, Mauss, tras una rápida estimación, le había dicho a otro investigador que regresaba de pasar 18 meses en África que, con ese tiempo de experiencia de terreno, tenía material suficiente para 30 años de trabajo de investigación. Sin la guerra y la ocupación alemana mi destino hubiera podido ser otro. En realidad, tras el armisticio, yo quería volver a Brasil pero no me dieron visado.

Usted ha bromeado diciendo que había descubierto el estructuralismo antes de leer...

Es mi madre la que contaba que me había dado cuenta yendo al boulanger (panadero) y al boucher (carnicero) que las primeras letras debían significar bou puesto que eran las mismas para las dos palabras. Más seriamente, el secreto del estructuralismo creo haberlo intuido mientras estaba en el frente, en la línea Maginot, como oficial de enlace que esperaba servir de intérprete a las tropas británicas. Allí, mientras esperábamos una batalla que no comenzaba, pude observar con detalle cómo, detrás del aparente azar de la belleza ondeante de un campo lleno de flores, estaba una organización estricta de cada una de ellas. Luego, en Nueva York, el encuentro con Roman Jakobson fue definitivo. El encuentro con Jakobson me reveló que era estructuralista sin saberlo. Lo que hasta entonces era una intuición confusa y desorganizada, coaguló, se transformó en doctrina. Cuando se estudia una sociedad se comienza por inventariar las diferencias porque los puntos comunes, al menos en un primer momento, pueden ser superficiales, quedarse en la epidermis del fenómeno. Luego, a un nivel más profundo, aparecen lo que yo llamo invariables...

... el tabú del incesto...

Sí, pero lo interesante es que esa obligación exogámica, de buscar pareja fuera del círculo familiar más estrecho, puede tener muchas formas distintas. En el Egipto antiguo se aceptaba el matrimonio entre primos; en otras civilizaciones, en caso de muerte de la esposa es obligado casarse con la hermana; en otras, la regla establece otros grados de parentesco. La invariable, la regla, está en la obligación constante de tener que buscar pareja en otra familia y así constituir sociedad. Si las culturas difieren es porque, dentro de la regla, caben muchas variables. En la naturaleza existen leyes que pueden ser universales y constantes, y si encontramos en la cultura reglas que puedan tener ese mismo carácter universal que las leyes, entonces podemos comprender mejor el paso de la naturaleza a la cultura. Ése es el interés de la prohibición del incesto.

Alguna vez ha responsabilizado a la revuelta de mayo de 1968 de la pérdida de prestigio universitario del estructuralismo.


Al estructuralismo se le reprochó ser antihumanista y eso es parcialmente cierto. Nos han atacado desde dos ángulos, uno epistemológico y el otro moral. Sobre el primero se nos criticaba el no adoptar el punto de vista del filósofo que se libra de una introspección sobre la propia persona, es decir, no adoptar el punto de vista del sujeto, pero esa opción a mí me parece legítima porque se tiene derecho a escoger la distancia que más conviene a cada problema o investigación. A simple vista, por ejemplo, una gota de agua es sólo eso, pero el microscopio puede descubrirnos los organismos que habitan en ella. Nosotros hemos escogido un nivel de ampliación que borra la noción de sujeto, que la disuelve, y estudiamos los mecanismos que funcionan en el interior del pensamiento. Respecto al reproche o crítica desde una perspectiva moral es imposible para un etnólogo no tomar en consideración la destrucción sistemática y monstruosa que los occidentales hemos hecho de las culturas distintas de la nuestra desde, como mínimo, 1492. No es posible separar o aislar esa condena de la destrucción de la sociedad humana de la destrucción de la que hoy son víctimas especies animales y vegetales, y todo eso en nombre de un humanismo que situó al hombre como rey y señor del mundo. La definición que el humanismo clásico hace del hombre es muy estrecha, lo presenta como un ser pensante en vez de tratarlo como un ser viviente y el resultado es que la frontera donde se acaba la humanidad está demasiado cerca del propio hombre, que así ha sido objeto de mil ataques por parte de sus congéneres.

En varias oportunidades se ha declarado más y más afín al escepticismo.

El escepticismo llega con la edad. El espectáculo que ofrece la ciencia contemporánea invita a ello. Durante el siglo XX esa ciencia ha progresado mucho más que en todos los siglos anteriores, una aceleración enorme en la producción de conocimientos y, al mismo tiempo, ese progreso vertiginoso nos abre abismos cada vez más insondables, cada descubrimiento nos plantea 10 enigmas, de manera que el esfuerzo humano está abocado al fracaso. Pero está bien que sea así.
Podés acceder al video de otra entrevista, realizada en 1972: entrá a la sección "videofilosofía - pensamiento contemporáneo".
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