martes, 9 de junio de 2026

EDGAR MORIN (1921-2016).

A lo largo de su vida más que centenaria, el gran pensador francés participó de los grandes acontecimientos, debates y procesos de los siglos XX y XXI, a través de sus enseñanzas, sus obras y su compromiso militante. Uno de los campos en que más ha trabajado es el del conocimiento, integrando las perspectivas de la filosofía, las ciencias sociales y las ciencias naturales. Convencido de que la excesiva especialización científica fragmenta la realidad y configura visiones reduccionistas que constituyen una nueva forma de ignorancia, promovió el ejercicio de una racionalidad integral capaz de abordar la multidimensionalidad de lo real. De ahí que una de sus elaboraciones con mayor impacto es la referida al "paradigma de la complejidad".

Al asomarse el siglo XXI, UNESCO le encargó la elaboración de una obra referida a la educación para el milenio adveniente. Tal el origen del libro "Los siete saberes necesarios para la educación del futuro", publicado por UNESCO en el año 2000. Aquí se transcribe uno de esos siete saberes, el referido a los rasgos que debería poseer el conocimiento futuro. 

Para acceder al libro completo:

www.ideassonline.org/public/pdf/LosSieteSaberesNecesariosParaLaEdudelFuturo.pdf


CAPÍTULO II 


LOS PRINCIPIOS DE UN CONOCIMIENTO PERTINENTE

 

1. DE LA PERTINENCIA EN EL CONOCIMIENTO

 

El conocimiento de los problemas claves del mundo, de las informaciones claves concernientes al mundo, por aleatorio y difícil que sea, debe ser tratado so pena de imperfección cognitiva, más aún cuando el contexto actual de cualquier conocimiento político, económico, antropológico, ecológico... es el mundo mismo. La era planetaria necesita situar todo en el contexto y en la complejidad planetaria. El conocimiento del mundo, en tanto que mundo, se vuelve una necesidad intelectual y vital al mismo tiempo. Es el problema universal para todo ciudadano del nuevo milenio: ¿cómo lograr el acceso a la información sobre el mundo y cómo lograr la posibilidad de articularla y organizarla? ¿Cómo percibir y concebir el Contexto, lo Global (la relación todo/partes), lo Multidimensional, lo Complejo? Para articular y organizar los conocimientos y así reconocer y conocer los problemas del mundo, es necesaria una reforma de pensamiento. Ahora bien, esta reforma es paradigmática y no programática: es la pregunta fundamental para la educación ya que tiene que ver con nuestra aptitud para organizar el conocimiento. A este problema universal está enfrentada la educación del futuro porque hay una inadecuación cada vez más amplia, profunda y grave por un lado entre nuestros saberes desunidos, divididos, compartimentados y por el otro, realidades o problemas cada vez más poli disciplinarios, transversales, multidimensionales, transnacionales, globales, planetarios. En esta inadecuación devienen invisibles:

El contexto

Lo global

Lo multidimensional

Lo complejo

Para que un conocimiento sea pertinente, la educación deberá entonces evidenciar:

 

1.1 El contexto

 

El conocimiento de las informaciones o elementos aislados es insuficiente. Hay que ubicar las informaciones y los elementos en su contexto para que adquieran sentido. Para tener sentido la palabra necesita del texto que es su propio contexto y el texto necesita del contexto donde se enuncia. Por ejemplo, la palabra «amor» cambia de sentido en un contexto religioso y en uno profano; y una declaración de amor no tiene el mismo sentido de verdad si está enunciada por un seductor o por un seducido.

Claude Bastien anota que «la evolución cognitiva no se dirige hacia la elaboración de conocimientos cada vez más abstractos, sino por el contrario, hacia su contextualización» (1) la cual determina las condiciones de su inserción y los límites de su validez. Bastien agrega que «la contextualización es una condición esencial de la eficacia (del funcionamiento cognitivo)».

 

1.2 Lo global

 

(las relaciones entre todo y partes) Lo global es más que el contexto, es el conjunto que contiene partes diversas ligadas de manera inter-retroactiva u organizacional. De esa manera, una sociedad es más que un contexto, es un todo organizador del cual hacemos parte nosotros. El Planeta Tierra es más que un contexto, es un todo a la vez organizador y desorganizador del cual hacemos parte. El todo tiene cualidades o propiedades que no se encontrarían en las partes si éstas se separaran las unas de las otras y ciertas cualidades o propiedades de las partes pueden ser inhibidas por las fuerzas que salen del todo. Marcel Mauss decía: «Hay que recomponer el todo». Efectivamente, hay que recomponer el todo para conocer las partes. De allí viene la virtud cognitiva del principio de Pascal del cual deberá inspirarse la educación del futuro: «todas las cosas siendo causadas y causantes, ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas y todas sostenidas por una unión natural e insensible que liga las más alejadas y las más diferentes, creo imposible conocer las partes sin conocer el todo y tampoco conocer el todo sin conocer particularmente las partes» (2).

Además, tanto en el ser humano como en los demás seres vivos, hay presencia del todo al interior de las partes: cada célula contiene la totalidad del patrimonio genético de un organismo policelular; la sociedad como un todo está presente en el interior de cada individuo en su lenguaje, su saber, sus obligaciones, sus normas. Así mismo, como cada punto singular de un holograma contiene la totalidad de la información de lo que representa, cada célula singular, cada individuo singular contiene de manera holográmica el todo del cual hace parte y que al mismo tiempo hace parte de él.

 

1.3 Lo multidimensional

 

Las unidades complejas, como el ser humano o la sociedad, son multidimensionales; el ser humano es a la vez biológico, síquico, social, afectivo, racional. La sociedad comporta dimensiones históricas, económicas, sociológicas, religiosas... El conocimiento pertinente debe reconocer esta multidimensionalidad e insertar allí sus informaciones: se podría no solamente aislar una parte del todo sino las partes unas de otras; a dimensión económica, por ejemplo, está en inter-retroacciones permanentes con todas las otras dimensiones humanas; es más, la economía conlleva en sí, de manera holográmica: necesidades, deseos, pasiones humanas, que sobrepasan los meros intereses económicos.

 

1.4 Lo complejo

 

El conocimiento pertinente debe enfrentar la complejidad. Complexus significa lo que está tejido junto; en efecto, hay complejidad cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo (como el económico, el político, el sociológico, el sicológico, el afectivo, el mitológico) y que existe un tejido interdependiente, interactivo e interretroactivo entre el objeto de conocimiento y su contexto, las partes y el todo, el todo y las partes, las partes entre ellas. Por esto, la complejidad es la unión entre la unidad y la multiplicidad. Los desarrollos propios a nuestra era planetaria nos enfrentan cada vez más y de manera cada vez más ineluctable a los desafíos de la complejidad. En consecuencia, la educación debe promover una «inteligencia general» apta para referirse, de manera multidimensional, a lo complejo, al contexto en una concepción global.

 

2. LA INTELIGENCIA GENERAL

 

La mente humana, como decía H. Simon, es un G.P.S., «General Problems Setting and Solving». Contrario a la opinión difundida de que el desarrollo de las aptitudes generales de la mente permite un mejor desarrollo de las competencias particulares o especializadas. Entre más poderosa sea la inteligencia general más grande es su facultad para tratar problemas especiales. La comprensión de elementos particulares necesita, así, la activación de la inteligencia general que opera y organiza la movilización de los conocimientos de conjunto en cada caso particular. El conocimiento, buscando su construcción en relación con el contexto, con lo global, con lo complejo, debe movilizar lo que el conociente sabe del mundo. François Recanati decía: «La comprensión de los enunciados, lejos de reducirse a una mera y simple decodificación, es un proceso no modular de interpretación que moviliza la inteligencia general y apela ampliamente al conocimiento del mundo». De esta manera, existe correlación entre la movilización de los conocimientos de conjunto y la activación de la inteligencia general.

La educación debe favorecer la aptitud natural de la mente para hacer y resolver preguntas esenciales y correlativamente estimular el empleo total de la inteligencia general. Este empleo máximo necesita el libre ejercicio de la facultad más expandida y más viva en la infancia y en la adolescencia: la curiosidad, la cual, muy a menudo, es extinguida por la instrucción, cuando se trata por el contrario, de estimularla o, si está dormida, de despertarla. En la misión de promover la inteligencia general de los individuos, la educación del futuro debe utilizar los conocimientos existentes, superar las antinomias provocadas por el progreso en los conocimientos especializados (cf. 2.1) a la vez que identificar la falsa racionalidad (cf. 3.3).

 

2.1 La antinomia

 

Progresos gigantescos en los conocimientos han sido efectuados en el marco de las especializaciones disciplinarias en el transcurso del siglo XX. Pero estos progresos están dispersos, desunidos, debido justamente a esta especialización que a menudo quebranta los contextos, las globalidades, las complejidades. Por esta razón, enormes obstáculos se han acumulado para impedir el ejercicio del conocimiento pertinente en el seno mismo de nuestros sistemas de enseñanza. Estos sistemas operan la disyunción entre las humanidades y las ciencias y la separación de las ciencias en disciplinas hiper especializadas concentradas en sí mismas. Las realidades globales, complejas, se han quebrantado; lo humano se ha dislocado; su dimensión biológica, incluyendo el cerebro, está encerrada en los departamentos biológicos; sus dimensiones síquica, social, religiosa, económica están relegadas y separadas las unas de las otras en los departamentos de ciencias humanas; sus carácteres subjetivos, existenciales, poéticos se encuentran acantonados en los departamentos de literatura y poesía. La filosofía que es, por naturaleza, una reflexión sobre todos los problemas humanos se volvió a su vez un campo encerrado en sí mismo. Los problemas fundamentales y los problemas globales son evacuados de las ciencias disciplinarias. Sólo son protegidos por la filosofía pero dejan de alimentarse de los aportes de las ciencias. En estas condiciones, las mentes formadas por las disciplinas pierden sus aptitudes naturales para contextualizar los saberes tanto como para integrarlos en sus conjuntos naturales. El debilitamiento de la percepción de lo global conduce al debilitamiento de la responsabilidad (cada uno tiende a responsabilizarse solamente de su tarea especializada) y al debilitamiento de la solidaridad (ya nadie siente vínculos con sus conciudadanos).

 

3. LOS PROBLEMAS ESENCIALES

 

3.1 Disyunción y especialización cerrada

 

De hecho, la hiper especialización (3) impide ver tanto lo global (que fragmenta en parcelas) como lo esencial (que disuelve); impide inclusive, tratar correctamente los problemas particulares que sólo pueden ser planteados y pensados en un contexto. Los problemas esenciales nunca son parcelados y los problemas globales son cada vez más esenciales. Mientras que la cultura general incita a la búsqueda de la contextualización de cualquier información o de cualquier idea, la cultura científica y técnica disciplinaria parcela, desune y compartimenta los saberes haciendo cada vez más difícil su contextualización. Al mismo tiempo, la división de las disciplinas imposibilita coger «lo que está tejido en conjunto», es decir, según el sentido original del término, lo complejo.

El conocimiento especializado es una forma particular de abstracción. La especialización «abs-trae», en otras palabras, extrae un objeto de su contexto y de su conjunto, rechaza los lazos y las intercomunicaciones con su medio, lo inserta en un sector conceptual abstracto que es el de la disciplina compartimentada cuyas fronteras resquebrajan arbitrariamente la sistemicidad (relación de una parte con el todo) y la multidimensionalidad de los fenómenos ; conduce a una abstracción matemática que opera en sí misma una escisión con lo concreto, privilegiando todo cuanto es calculable y formalizable. La economía, por ejemplo, que es la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia social y humanamente más atrasada puesto que se ha abstraído de las condiciones sociales, históricas, políticas, sicológicas, ecológicas inseparables de las actividades económicas. Por eso sus expertos son cada vez más incapaces de interpretar las causas y consecuencias de las perturbaciones monetarias y bursátiles, de prever y predecir el curso económico incluso a corto plazo. El error económico se convierte, entonces, en la primera consecuencia de la ciencia económica.

 

3.2 Reducción y disyunción

 

Hasta mediados del siglo XX, la mayoría de las ciencias obedecían al principio de reducción que disminuye el conocimiento de un todo al conocimiento de sus partes, como si la organización de un todo no produce cualidades o propiedades nuevas con relación a las partes consideradas aisladamente. El principio de reducción conduce naturalmente a restringir lo complejo a lo simple. Aplica a las complejidades vivas y humanas la lógica mecánica y determinista de la máquina artificial. También puede enceguecer y conducir a la eliminación de todo aquello que no sea cuantificable ni medible, suprimiendo así lo humano de lo humano, es decir las pasiones, emociones, dolores y alegrías. Igualmente, cuando obedece estrictamente al postulado determinista, el principio de reducción oculta el riesgo, la novedad, la invención.

Como nuestra educación nos ha enseñado a separar, compartimentar, aislar y no a ligar los conocimientos, el conjunto de estos constituye un rompecabezas ininteligible. Las interacciones, las retroacciones, los contextos, las complejidades que se encuentran en el no man’s land entre las disciplinas se vuelven invisibles. Los grandes problemas humanos desaparecen para el beneficio de los problemas técnicos y particulares. La incapacidad de organizar el saber disperso y compartimentado conduce a la atrofia de la disposición mental natural para contextualizar y globalizar. La inteligencia parcelada, compartimentada, mecanista, disyuntiva, reduccionista, rompe lo complejo del mundo en fragmentos separados, fracciona los problemas, separa lo que está unido, unidimensionaliza lo multidimensional. Es una inteligencia miope que termina normalmente por enceguecerse. Destruye desde el óvulo las posibilidades de comprensión y de reflexión; reduce las oportunidades de un juicio correctivo o de una visión a largo plazo. Por ello, entre más multidimensionales se vuelven los problemas más incapacidad hay de pensar su multidimensionalidad más progresa la crisis; más progresa la incapacidad para pensar la crisis; entre más planetarios se vuelven los problemas, más impensables son. Incapaz de proyectar el contexto y el complejo planetario, la inteligencia ciega se vuelve inconsciente e irresponsable.

 

3.3 La falsa racionalidad

 

Dan Simmons supone en su tetralogía de ciencia ficción (en Hypérion y su continuación) que un tecno-centro proveniente de la emancipación de las técnicas y dominado por las I.A. (inteligencias artificiales), se esfuerza por controlar a los humanos. El problema de los humanos es el de aprovechar las técnicas pero no de subordinarse a ellas.

Ahora bien, estamos en vía de una subordinación a las I.A. instaladas profundamente en las mentes en forma de pensamiento tecnocrático; este pensamiento, pertinente para todo lo relacionado con máquinas artificiales, es impertinente para comprender lo vivo y lo humano, creyéndose además el único racional.

De hecho, la falsa racionalidad, es decir la racionalización abstracta y unidimensional triunfa sobre las tierras (4). Por todas partes y durante decenas de años, soluciones presuntamente racionales, sugeridas por expertos convencidos de estar obrando en bien de la razón y el progreso, y de no encontrar más que supersticiones en las costumbres y miedos de las poblaciones, han empobrecido enriqueciendo, han destruido creando. Por todo el planeta, el hecho de roturar y arrasar árboles en millones de hectáreas contribuye al desequilibrio hídrico y a la desertización de las tierras. Si no se regulan las talas enceguecidas, éstas podrían transfomar, por ejemplo, las fuentes tropicales del Nilo en cursos de aguas secas las tres cuartas partes del año y agotar la Amazonía. Los grandes monocultivos han eliminado los pequeños policultivos de subsistencia agravando la escacez y determinando el éxodo rural y los asentamientos urbanos. Como dice François Garczynski, «esa agricultura crea desiertos en el doble sentido del término -erosión de los suelos y éxodo rural». La seudo-funcionalidad que no tiene en cuenta necesidades no cuantificables y no identificables ha multiplicado los suburbios y las ciudades nuevas convirtiéndolos rápidamente en lugares aislados, aburridos, sucios, degradados, abandonados, despersonalizados y de delincuencia. Las obras maestras más monumentales de esta racionalidad tecno-burocrática han sido realizadas por la ex-URSS : allí, por ejemplo, se ha desviado el cauce de los ríos para irrigar, incluso en las horas más cálidas, hectáreas sin árboles de cultivos de algodón, lo que ha hecho subir al suelo la sal de la tierra, volatilizar las aguas subterráneas y desecar el mar de Aral. Las degradaciones fueron más graves en la URSS que en el Oeste debido a que en la URSS las tecno-burocracias no tuvieron que sufrir la reacción de los ciudadanos. Desafortunadamente, después de la caída del imperio, los dirigentes de los nuevos Estados llamaron a expertos liberales del Oeste que ignoran de manera deliberada que una economía competitiva de mercado necesita instituciones, leyes y reglas; e incapaces de elaborar la indispensable estrategia compleja, que como ya lo había indicado Maurice Allais -no obstante, economista liberal- implicaba planificar la desplanificación y programar la desprogramación, provocaron nuevos desastres. De todo esto resultan catástrofes humanas cuyas víctimas y consecuencias no son reconocidas ni contabilizadas como lo son las víctimas de las catástrofes naturales. Así, el siglo XX ha vivido bajo el reino de una seudo-racionalidad que ha presumido ser la única, pero que ha atrofiado la comprensión, la reflexión y la visión a largo plazo. Su insuficiencia para tratar los problemas más graves ha constituido uno de los problemas más graves para la humanidad. De allí la paradoja: el siglo XX ha producido progresos gigantescos en todos los campos del conocimiento científico, así como en todos los campos de la técnica; al mismo tiempo, ha producido una nueva ceguera hacia los problemas globales, fundamentales y complejos, y esta ceguera ha generado innumerables errores e ilusiones comenzando por los de los científicos, técnicos y especialistas. ¿Por qué? Porque se desconocen los principios mayores de un conocimiento pertinente. La parcelación y la compartimentación de los saberes impide coger «lo que está tejido en conjunto». ¿No debería el nuevo siglo superar el control de la racionalidad mutilada y mutilante con el fin de que la mente humana pudiera controlarla? Se trata de comprender un pensamiento que separa y que reduce junto con un pensamiento que distingue y que religa. No se trata de abandonar el conocimiento de las partes por el Conocimiento de las totalidades ni el análisis por la síntesis, hay que conjugarlos. Existen los desafíos de la complejidad a los cuales los desarrollos propios de nuestra era planetaria nos confrontan ineluctablemente.

 

 Notas

1 Claude Bastien Le décalage entre logique et connaissance, en Courrier du CNRS, N° 79 Ciencias cognitivas, octubre de 1992.

2 Pascal, Pensamientos, texto producido por Léon Brunschwicg, ed. Garnier-Flammarion, París, 1976.

3 Es decir la especialización que se encierra en sí misma sin permitir su integración en una problemática global o una concepción de conjunto del objeto del cual no considera sino un aspecto o una parte.

4 Ha habido buenas intenciones en ese triunfo de la racionalidad, las cuales producen a largo plazo efectos nocivos que contrarrestan, y hasta sobrepasan, los efectos benéficos. Así, La Revolución Verde promovida para conservar el Tercer Mundo ha incrementado considerablemente las fuentes alimenticias y ha permitido evitar de manera notable la escasez; sin embargo, se ha tenido que revisar la idea inicial, aparentemente racional pero de manera abstracta maximizante, de seleccionar y multiplicar sobre vastas superficies un solo genoma vegetal -el más productivo cuantitativamente-. Resulto que la ausencia de variedad genética permitía al agente patógeno, el cual no podía resistir este genoma, aniquilar toda una cosecha en la misma temporada. Entonces, ha habido que reestablecer una cierta variedad genética con el fin de optimizar los rendimientos y no de maximizarlos. Por otra parte, los derrames masivos de abonos que degradan los suelos, las irrigaciones que no tienen en cuenta el tipo de terreno provocando su erosión, la acumulación de pesticidas, destruyen la regulación entre las especies, eliminando lo útil al mismo tiempo que lo perjudicial, provocando incluso a veces la multiplicación desenfrenada de una especie nociva inmune a los pesticidas; además, las substancias toxicas contenidas en los pesticidas pasan a los alimentos y alteran la salud de los consumidores.

 


martes, 19 de mayo de 2026

El filósofo Michaël Foessel advierte sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial: “Vigilancia generalizada y pérdida de experiencias sensibles”

Considera que hay Estados que, en vez de regular, se unen a las grandes compañías tecnológicas. 

Habla sobre la influencia de Musk y OpenAI sobre Trump.

Dice: “en Europa, el consenso en torno a la democracia está ampliamente debilitado”, dice.


 Por Mariano Confalonieri

La Nación 19 de mayo de 2026

 

Michaël Foessel (51) es un reconocido filósofo francés que se especializa en las crisis políticas, en el sentido y los riesgos de la experiencia democrática. Es profesor en la École Polytechnique. Además, dirige junto a Jean-Claude Monod la colección L’Ordre philosophique en la editorial Seuil. Y es columnista en el diario Libération. En el país, El cuenco de Plata acaba de editar Después del fin del mundo. Crítica de la razón apocalíptica, publicado por primera vez en francés en 2012. Foessel será uno de los oradores de la charla inaugural de la Noche de las Ideas, que tendrá lugar este viernes 22 de mayo en el Teatro Colón.

En una entrevista con LA NACION, considera que la IA “sin duda” reemplazará una cantidad considerable de empleos, no industriales ni de obreros. Dice que el peligro de los grandes “patrones tecnológicos” (se refiere a Elon Musk, Mark Zuckerberg, Peter Thiel, entre otros) es que asocian su poder a “utopías tecnófilas de tipo transhumanista y a veces francamente reaccionarias”.

“El crecimiento estadounidense está impulsado en gran medida por la IA, lo que también lo hace frágil”, analiza. Considera que aunque la historia no se repite “hay dinámicas que sí” como la pérdida de la fe en la democracia, el odio a los extranjeros y el crecimiento de la desigualdad social.

Y sostiene que líderes como Donald Trump, Georgia Meloni y Javier Milei comparten algo: “Fueron elegidos democráticamente y practican políticas orientadas a debilitar el estado de derecho”.

La Noche de las Ideas es impulsada por el Institut français d’Argentine (IFA) y el Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia y va por su décima edición.

-¿Puede la inteligencia artificial reemplazar la esencia del ser humano? ¿Imagina un futuro cercano donde todos los trabajos serán reemplazados?

-No estoy seguro de que exista algo como una “naturaleza humana”, y por ende, no creo que la IA pueda modificarla. No sabemos con precisión qué es la inteligencia humana, que tiene una dimensión de creatividad e imprevisibilidad como lo demuestra todo gran descubrimiento científico, por lo que estamos aún lejos de poder hacerla artificial. Creo, en cambio, que las técnicas de la IA podrán reemplazar todo aquello que hemos vuelto reemplazable. Por ejemplo, la traducción de textos técnicos e informativos, pero no la de textos literarios, que requiere imaginación y un conocimiento íntimo de la lengua. Sin duda se destruirá un número considerable de empleos, y esta vez no ocurrirá en el ámbito de los empleos industriales y obreros, sino en el de los cuadros y las profesiones que practican lo que la máquina practica infinitamente mejor que el hombre: los cálculos. Cabe imaginar, por supuesto, un ingreso mínimo para compensar esos empleos perdidos. Pero sobre todo podría intentarse rehumanizar el trabajo, hacerlo menos automático en amplios sectores de la sociedad, y así suscitar en los consumidores y ciudadanos el deseo de dirigirse a humanos en lugar de máquinas en sus interacciones.

-¿Son Elon Musk, Sam Altman, Mark Zuckerberg, Peter Thiel, entre otros, los que están detrás de las grandes decisiones en el poder global?

-El poder de los grandes industriales y de los grandes financieros en un sistema capitalista no es algo nuevo. Lo que sí es nuevo con los grandes patrones de la tecnología es que suelen asociar su poder a utopías tecnófilas de tipo transhumanista y a veces francamente reaccionarias. Es el caso sobre todo de Musk. Hay que cuestionar su proximidad con el gobierno norteamericano de Trump y su influencia en sus decisiones. Ya sabemos que el crecimiento estadounidense está en gran medida impulsado por la IA, lo que por lo demás lo hace frágil. Una empresa como OpenAI está capitalizada en más de 800 mil millones de dólares, pese a no haber generado aún el menor beneficio. Más allá del riesgo vinculado a las burbujas especulativas, cabe interrogarse sobre los efectos de este poder de la tecnología en la automatización y la virtualización del mundo, con todo lo que ello implica en términos de vigilancia generalizada y de pérdida de experiencias sensibles.

-¿Qué piensa sobre empresas como Palantir, que manejan con IA grandes bases de datos?

- Palantir es una empresa especializada en el tratamiento y análisis mediante inteligencia artificial de datos sensibles. Hasta donde sé, trabaja con servicios de inteligencia y empresas privadas interesadas en la recolección de información. También ofrece «asesoramiento» a los Estados en materia de prospectiva militar. Todas estas actividades se basan en el beneficio financiero que, en las sociedades de la información, puede obtenerse a partir del conocimiento y la previsión de los actos, los gestos e incluso los pensamientos de cada individuo. Que Peter Thiel sea uno de los fundadores de esta empresa no tiene nada de sorprendente si se conoce la mezcla de confianza en la técnica y de desconfianza hacia los derechos democráticos que compone su ideología. Thiel declaró en 2009 que ya no creía «que la democracia y la libertad sean compatibles». La libertad que defiende es únicamente la individual, la de emprender, y la democracia que critica se funda en el respeto de los derechos y la creencia en el progreso colectivo. Empresas como Palantir no son ideológicamente neutras: apuntan a imponerse sobre los Estados o a influir en los gobiernos, en Europa y en todas partes.

-¿Son los gobiernos capaces de regular a las empresas tecnológicas o es demasiado tarde?

-La Unión Europea ha dado algunos pasos hacia la regulación de las multinacionales tecnológicas. La cuestión que se plantea no es solo fiscal, no reside únicamente en la tributación de estas empresas frecuentemente deslocalizadas. Se trata, más aún, de fijar límites jurídicos a la instauración de lo que el filósofo Gilles Deleuze llamaba las «sociedades de control». El control designa el modo en que los propios individuos participan en su vigilancia, por ejemplo proporcionando información sobre sus desplazamientos, sus consumos, sus deseos, etc. Lo digital y la biometría permiten esta colaboración forzada entre individuos y sociedades de control. No estoy seguro de que la resistencia provenga únicamente de los Estados: muchos de ellos tienen más bien tendencia a participar en esa vigilancia generalizada por razones de seguridad. Creo más bien en una toma de conciencia colectiva y en las reacciones de la sociedad civil.

-¿Está la sociedad preparada para los cambios acelerados? ¿Enfrentamos como sociedad un futuro oscuro?

-Se habla con frecuencia de las sociedades occidentales como «posdemocráticas». En Europa, es evidente que el paréntesis abierto por el fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de los fascismos está cerrándose: el consenso en torno a la democracia está ampliamente debilitado. El aumento de las desigualdades sociales internas a las sociedades occidentales hace dudar de las promesas democráticas de justicia social, y el vínculo entre democracia y paz se ve debilitado por la multiplicación de los conflictos (incluida la guerra en Ucrania, en suelo europeo). Como ocurre cada vez que grandes mutaciones técnicas tienen lugar en un contexto de crisis, la tentación es recurrir a soluciones autoritarias. Pero no creo que el futuro esté escrito de antemano. También en Europa, la derrota electoral de Orbán en Hungría o el rechazo por parte de los electores italianos del proyecto de Meloni de tomar el control de la institución judicial por parte del gobierno demuestran que existe un apego real de los pueblos al Estado de derecho.

-¿Qué piensa de líderes como Trump, Meloni, Milei, Putin? ¿Están influenciados por intereses específicos?

-Los líderes que usted menciona son bastante distintos entre sí, pero es cierto que tienen el punto en común (excepto Putin) de haber sido elegidos mediante elecciones regulares y de practicar, en grados diversos, políticas orientadas a debilitar el Estado de derecho. La indiferencia de Trump hacia las condenas judiciales que han recaído sobre su política de anti-inmigración y el ICE es muy reveladora. La concentración del poder en manos del Ejecutivo (en detrimento del Congreso y del poder judicial) es un fenómeno que afecta a casi todas las democracias y tiende a desnaturalizarlas. El argumento es siempre el mismo, y se remonta a Platón: la democracia sería impotente para gestionar los períodos de crisis. Sería preferible un poder centralizado, autoritario y que se niegue a estar limitado por las reglas del derecho. Pero este argumento ha demostrado su falsedad en mil ocasiones: no se ve por qué un hombre o un equipo solos serían más inteligentes que una deliberación colectiva. Las decisiones de Putin y de Trump en materia militar fueron tomadas de manera arbitraria, pero también han evidenciado su falta de preparación, sumiendo al mundo en una crisis sin fin.

El filósofo francés Foessel sostiene que Meloni, Trump y Milei comparten algo: fueron votados en elecciones regulares y practican, con matices, políticas orientadas a debilitar el estado de derechoEVAN VUCCI - POOL

-¿Con qué período de tiempo histórico podría comparar –si es factible– el tiempo en el que vivimos?

-Las comparaciones históricas son siempre arriesgadas, pero tampoco creo en las tesis “presentistas” que consideran que todo es nuevo en nuestro mundo. Ni la crisis económica, ni las respuestas autoritarias que se le dan, ni el lugar de las nuevas tecnologías (hoy la IA, ayer la radio) son inéditos en estas reconfiguraciones del poder. En un libro (Récidive, 1938) intenté señalar los ecos entre la situación francesa actual y la de finales de los años 1930. No porque la historia se repita, sino porque existen lógicas en la historia moderna de las que no hemos salido. El abandono de la fe en la democracia, el rechazo a los extranjeros, la explosión de las desigualdades sociales y el aumento de los peligros militares se expresan de manera diferente según las épocas, pero producen escaladas hacia los extremos que pueden compararse. El recurso a las analogías históricas no sirve, por lo demás, solo para despertar la democracia: también señala caminos para hacer frente a los peligros.

viernes, 1 de agosto de 2025

Nietzsche y la crítica del cristianismo

por Juliana Pensa

Universidad Nacional de Córdoba (UNC)

XVII Congreso Nacional de Filosofía / AFRA / UNIV. NACIONAL DEL LITORAL  / Santa Fe, 4 - 8 de agosto 2015 / 1035-1042


en Hernán Accorinti... [et al.]; compilado por Manuel Berrón; Griselda Parera; María Sol Yuan. 1a ed. - Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral. Facultad de Humanidades y Ciencias, 2017. Libro digital, PDF


Resumen

La crítica del cristianismo en Nietzsche es la crítica de las garantías metafísicoteológicas de la tradición, esto es, la vida común gregariamente normalizada perteneciente a una comunidad arraigada en garantías metafísicas y religiosas. El ataque del filósofo al cristianismo y su moral se fundamenta en que éstos niegan los instintos vitales, y el alcance y sentido de su labor crítica se precisa a través de nociones fundamentales que constituyen dicha crítica, a saber: la compasión, el concepto de Dios, la figura del sacerdote y el ideal ascético.

 

Palabras clave: transvaloración de los valores / ideal ascético / instintos vitales

 

El cristianismo es el heredero legítimo de la transavaloración realizada por el pueblo judío1, el heredero de la rebelión de los esclavos en la moral, dirá Nietzsche; con él, Dios deja ser la pertenencia del pueblo elegido para convertirse en el Dios cosmopolita, pero conserva intactos sus rasgos pálidos, lúgubres, desfallecientes.

El ataque de Nietzsche al cristianismo y su moral se fundamenta en que éstos niegan los instintos vitales, los instintos constitutivos de todo ser humano, y falsifican así, en mor del ocultamiento y represión de aquellos, la imagen del hombre, situándolo como centro y medida de todas las cosas2, y del mundo. Crean, de este modo, un mundo verdadero, un mundo trascendente, un mundo de felicidad, al cual se accede luego de peregrinar y padecer en este, el mundo terrenal.

En el cristianismo pasan a primer plano los instintos de los sometidos y los oprimidos: los estamentos más bajos son los que buscan en él su salvación. Aquí, como ocupación, como medio contra el aburrimiento, se practica la casuística del pecado, la autocrítica, la inquisición de la conciencia; aquí se mantiene constantemente en pié (mediante la oración) el afecto con respecto a un Poderoso, llamado "Dios"; aquí lo más alto es considerado inalcanzable, un don, una "gracia".


Aquí el cuerpo es despreciado, la higiene, rechazada como sensualidad; la Iglesia se defiende de la limpieza (la primera medida cristiana tras la expulsión de los moros fue la clausura de los baños públicos, de los cuales Córdoba poseía, ella sola, 270). Cristiano es cierto sentido de crueldad con respecto a sí mismo y con respecto a otros; el odio a los que piensan de otro modo; la voluntad de perseguir. Representaciones sombrías y excitantes ocupan el primer plano; los estados de ánimo más anhelados, designados con los nombres más altos, son los epileptoides. La dieta es elegida de tal modo que favorezca los fenómenos morbosos y sobreexcite los nervios. Cristiana es la enemistad a muerte contra los señores de la tierra, contra los "aristócratas" - y a la vez una emulación escondida, secreta ( -a ellos se les deja el "cuerpo", se quiere únicamente el "alma"...) Cristiano es el odio al espíritu, al orgullo, al valor, a la libertad, al libertinage del espíritu; cristiano es el odio a los sentidos, a la alegría de los sentidos, a la alegría en cuanto tal... 3.

 

Nietzsche ve en el cristianismo el peligro más grande que acecha a la cultura europea y occidental; a través de sus entramados imaginarios logra conformar un mundo en el cual el animal humano, en su afán de convertirse en hombre, se va moldeando conforme a ciertas estructuras que son contrarias a la naturaleza, contrarias a los instintos de la vida, tarea ésta lograda gracias a un instrumento fundamental, que vendría a ser el bastión mejor disfrazado para subyugar al hombre, a saber, la compasión. Esa compasión, tan cristiana y difundida como virtud 4, no es más que un claro síntoma de debilidad, de depresión, de agotamiento de fuerzas. Nietzsche ve en la compasión a la enfermedad que va en detrimento de una salud ascendente y vigorosa.

En esto reside la denuncia del filósofo: el cristianismo, es decir, la moral de la compasión, es hostil a la vida. ¿Compasión hacia quién? Hacia los desventurados que encontrarán la felicidad eterna en el "más allá", en la "vida verdadera". Allí se manifiesta el oculto odio cristiano, el odio a quien sea capaz de vivir en el mundo presente, único mundo existente, sin reprimir los sentimientos vitales y sin necesidad de un mundo imaginario inventado. Por eso se justifica y tiene sentido la vida miserable, porque en este mundo que no es el verdadero (negación de la vida) sólo se puede sufrir (al suprimir sus instintos más constitutivos inevitablemente el hombre padece, se empobrece), pero como resarcimiento al daño (que en realidad no es visto como tal, es decir, como daño, sino como una especie de suerte, pues esto es lo que lo habilita al sujeto a la "gloria eterna") aguarda una eternidad de felicidad. El cristianismo es el odio a lo natural.

Nietzsche ve también en el concepto cristiano de Dios la piedra de toque de dicha religión y el concepto más corrupto de Dios al que el hombre ha llegado. Porque este Dios es el Dios de los enfermos, de los débiles y es la representación de la nada misma, en tanto implica la voluntad de nada, puesto que todo es la voluntad de Dios. El Dios cristiano es la representación del bien en sí, de lo bueno, de lo verdadero, es lo absoluto.

 

a moral contranatural, es decir, casi toda la moral hasta ahora enseñada, venerada y predicada se dirige, por el contrario, precisamente contra los instintos de la vida, -es una condena, a veces encubierta, a veces ruidosa e insolente, de esos instintos. Al decir "Dios ve el corazón", la moral dice no a los apetitos más bajos y más altos de la vida y considera a Dios enemigo de la vida... El santo en el que Dios tiene su complacencia es el castrado ideal... La vida acaba donde comienza el "reino de Dios... 5.

 

Y también, al respecto, "¡Dios, degenerado a ser la contradicción de la vida, en lugar de ser su transfiguración y su eterno sí! ¡En Dios, declarada la hostilidad a la vida, a la naturaleza, a la voluntad de vida! ¡Dios, fórmula de toda calumnia del "más acá", de toda mentira del "más allá"! ¡En Dios, divinizada la nada, santificada la voluntad de nada!..."6.

Por otra parte, encontramos en el análisis nietzscheano del cristianismo una figura fundamental que no puede perderse de vista a la hora de comprender la crítica formulada por el filósofo, a saber, el sacerdote.

 

El sacerdote es el <envenenador de la vida>; el que ha realizado la inversión valorativa. Él ha dado de beber a Eros su veneno letal. Es el inversor, el transvalorador, el artífice del mundo de irrealidad donde se mueven las almas de los creyentes. El sacerdote necesita envenenar la vida; necesita del dolor y del sufrimiento; necesita que la existencia sea insoportable, que no pueda ser sostenida por las fuerzas de lo vital. Para ello ha enfermado al hombre, lo ha domeñado; lo ha vuelto medroso e inseguro. Ha hecho de él el sufriente de la vida. El sacerdote necesita del sufrimiento 7.

 

Anteriormente mencionamos la transvaloración de los valores efectuada por el pueblo judío y encarnizada y profundizada por el cristianismo; pues bien, el ideal por antonomasia de esta transvaloración es el ideal ascético. El ascetismo es, primero, crueldad consigo mismo y, después, crueldad con los demás. Los sacerdotes son personas impotentes y debido a esa impotencia crece en ellos el odio (que se hace manifiesto en dicha crueldad); odio al cuerpo, a las pasiones, a lo vivo, a lo inmediato; son, en palabras de Nietzsche, los máximos odiadores de la historia universal, y el ideal ascético es el ideal sacerdotal.

 

Pues, al mismo tiempo que quiere vivir, no puede querer afirmar lo que es interno a su propia vida: esa parte de sí mismo que le horroriza en la medida en que, por temor, no la puede afirmar como suya y que rechaza como mala, diabólica, externa a él. Así, en el ideal ascético, en lugar de que esta prueba cotidiana, conocida por todo ser vivo, sea vivida con fuerza y serenidad, se vive en el rechazo, el miedo a perder la vida y la incapacidad para vivirla tal como se presenta 8.

 

La cuestión de trasfondo es, ya no la manera en que el sacerdote concibe y lleva adelante su propia vida, sino, más bien, la tarea que éste se atribuye, a saber, la de redimir a los hombres en nombre de la divinidad, porque él es su representante en la tierra, él es el vocero de imperativos trasmundanos. Nietzsche ve en el ideal ascético el mejor instrumento de poder de los sacerdotes, y a su vez éste ideal viene a ser la suprema autorización de tal poder, puesto que, en la creencia general, es Dios quien actúa detrás de los clérigos. Pero ¿en qué radica el "éxito" de dicho ideal sacerdotal? En que a través de él el hombre encuentra una meta, un sentido a su vida.

 

La falta de sentido del sufrimiento, y no este mismo, era la maldición que hasta ahora yacía extendida sobre la humanidad, -¡y el ideal ascético ofreció a ésta un sentido! Fue hasta ahora el único sentido; algún sentido es mejor que ningún sentido; (...) el hombre quedaba así salvado, tenía un sentido, en adelante no era ya como una hoja al viento, como una pelota del absurdo, del "sin sentido", ahora podía querer algo...9.

 

Al hombre gregario le aterra la soledad, huye de ésta, la sola idea de pensarse dueño y señor de su vida le resulta pavorosa, prefiere, en cambio, hipotecarla bajo presupuestos falsos, y encuentra en el sacerdote el guía perfecto. La moral que imparte el asceta, su forma de valorar, implica un sometimiento directo a una voluntad que no es la propia, implica sumirse en valores que surgen de propiciar una condición de mendicidad del hombre, la cual lo obliga a negar y a avergonzarse de sus características más constitutivas; el cuerpo debe ser negado, es la cárcel del alma, no vivido y experimentado, las pasiones deben aplacarse, ocultarse; el destino propio puesto en manos de otro. Las tres palabras del ideal ascético, encarnadas en el sacerdote y transmitidas al hombre gregario: pobreza, humildad, castidad.

Volvamos ahora, luego de lo expuesto, un paso atrás respecto de lo dicho, en cuanto a los valores. En este sentido resulta muy pertinente rescatar lo que el filósofo dice en el prefacio de Ecce homo. Allí encontramos lo que para Nietzsche es el criterio de los valores, a saber, la verdad que puede arriesgar y soportar un espíritu. Entonces, si los valores supremos son los de la moral cristiana esto quiere decir que los "espíritus" partícipes de dicho modo de vida no quieren arriesgar su verdad, ficticia y artificial, ni soportar la verdad que se halla detrás de aquella. Así mismo, no son culpables de ceguera, sino de pereza, puesto que experimentar en carne propia el sentido profundo de lo que significa "la verdad que puede arriesgar y soportar un espíritu" implica padecer "el aire de las alturas", implica la soledad (tan temida por el hombre de rebaño), aquel largo camino recorrido por Nietzsche antes de la aurora. Pues la vida está compuesta de múltiples colores, de matices, de instantes, de transformaciones, de errores (la moral es un error, una ilusión, una interpretación); no hay un fundamento último, un principio primero. Comprender esto, pudiendo elevarse un momento por encima del proceso, es lograr la autosupresión de la moral. Pero el hombre de la moral, el hombre de la metafísica, prefiere querer la nada a no querer.

Así damos con lo que creemos es un punto de total relevancia en el pensamiento nietzscheano: la necesidad de querer, la necesidad de creer. Y aquí concordamos con la lectura de Alejandro Ocampos, según el cual "la crítica de Nietzsche, pues, está en el desear, en la necesidad de creer, aun cuando sea creer en que no se cree. La propuesta de Nietzsche, la transmutación de los valores, no está en el ser anticristiano o, simplemente agnóstico, sino en dejar esa necesidad y es que el ser agnóstico sólo revalora y ratifica lo poderoso del ideal de Dios y ese ansioso deseo del creer"10. Según Ocampos, el ataque de Nietzsche va más allá de la figura misma de Dios, la referencia es simplemente coyuntural en tanto y en cuanto él (Dios) representa la creencia. De todos modos, es bajo la sombra de Dios donde la modernidad vio ahogados y sepultados sus valores vitales, los cuales "van desde la alegría, hasta la pasión y su negación sólo representa dos cosas: la sumisión a una promesa introyectada a fuerza y fundamentada en el resentimiento o, una pobreza espiritual del hombre y una inferioridad con respecto a sí mismo. La tiranía del logos contra la vitalidad"11.

Todo el empeño de Nietzsche recae, pues, en demostrar el origen contingente y arbitrario que posee la moral y en sustraer los significados morales a la existencia (es decir, mirar el mundo sin concepciones morales ni religiosas), a través de un minucioso trabajo de desenmascaramiento de ilusiones y autoengaños. La moral de la compasión era para Nietzsche el claro desvío de la cultura europea, la última enfermedad, el retroceso de la humanidad. La fatalidad del hombre reside en que ha triunfado como meta final el modelo mediocre de hombre, la humanidad se ha nivelado, se ha reducido a lo más bajo, a lo más manso, a lo más prudente, se le ha arrancado a la existencia todo carácter visceral constitutivo capaz de elevarla a lo más alto.

 

Bibliografía

 

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--- (2001): La gaya ciencia, Madrid, Akal.

--- (2012): Más allá del bien y del mal, Madrid, Alianza.

--- (2013): La genealogía de la moral, Madrid, Alianza.

--- (2007): El Anticristo, Madrid, Alianza.

--- (1992): Así habló Zarathustra, Buenos Aires, Planeta-Agostini.

--- (2001): Crepúsculo de los ídolos, Madrid, Alianza.

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Ríos, Rubén (2005): Friedrich Nietzsche y la vigencia del nihilismo, Buenos Aires,

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Sánchez, Sergio (2009): "¿Por qué los póstumos son clave?" en Revista Ñ, versión

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Valadier, Paul (1982): Nietzsche y la crítica del cristianismo, Madrid, Ediciones

Cristiandad.

 

Notas

 

1 En el Tratado Primero de La Genealogía de la moral Nietzsche analiza con espíritu histórico las expresiones "bueno (schlecht) y "malo" (gut), dejando en evidencia que originariamente (antes de la Guerra de los Treinta Años) dichos conceptos, siendo ya juicios valorativos, no se utilizaban entonces para designar la valoración de acciones, más bien tenían que ver con la distinción, específicamente con la distinción de rangos; las valoraciones se encontraban directamente relacionadas con determinadas formas de ser, concernían a cualidades y peculiaridades de los hombres y no correspondían necesariamente a determinadas acciones. El hombre aristocrático era el "bueno" que se diferenciaba del plebeyo, del simple, del "malo". Lo que más interesa dejar aquí en claro es lo siguiente: la forma de

valorar aristocrática, esto es, la moral noble, implica un decir sí a la vida, un reafirmar la vida. Sabemos de estos hombres, a través del análisis de Nietzsche, que eran dueños de una salud esplendorosa, la cual se hallaba en sintonía con una constitución física poderosa, permitiéndoles así desempeñarse en las actividades más fuertes (guerra, caza, aventuras, etc.). Pero tuvo que haber en la historia de la humanidad algo que haya hecho cambiar la forma de valorar aristocrática y ese algo fue el resentimiento. Aquí hay también una variación de concepto: tras la nueva valoración ya no rige el concepto "malo" (schlecht) sino "malvado" (böse) y con ello toda una nueva connotación ante la cual se enfrenta Nietzsche en tanto este cambio implica que la moral niega la vida, pues la relega a un ámbito artificial construido adrede para esconderla, para sacrificarla.

2 "El hombre no es, en modo alguno, la corona de la creación, todo ser está, junto a él, a idéntico nivel de perfección... Y al aseverar esto, todavía aseveramos demasiado: considerado de modo relativo, el hombre es el menos logrado de los animales, el más enfermizo, el más peligrosamente desviado de sus instintos- ¡desde luego, con todo esto, también el más interesante!" Nietzsche, Friedrich: El Anticristo, Alianza, Madrid, 2007, p. 43.

3 Nietzsche, Friedrich: El Anticristo, Alianza, Madrid, 2007, pp., 52-53.

4 El aforismo 14 del Tratado Primero de La genealogía de la moral resulta muy claro respecto de cómo las cualidades más nocivas del ser humano son transformadas, gracias al cristianismo, en "virtudes" para afirmar y someter "al débil", al hombre del resentimiento. Por ejemplo, la debilidad es transformada en mérito, la impotencia en bondad, la sumisión en obediencia, la cobardía en paciencia.

5 Nietzsche, Friedrich: Crepúsculo de los ídolos, Alianza, Madrid, 2001, p. 63.

6 Nietzsche, Friedrich: El anticristo, Alianza, Madrid, 2007, p. 49.

7 Alarcón Viudes, Victor: "Nietzsche y la filosofía del cristianismo", El Catoblepas, número 19, septiembre, 2003.

8 Valadier, Paul: Nietzsche y la crítica del cristianismo, Ediciones cristiandad, Madrid, 1982, p. 200.

9 Nietzsche, Friedrich: La genealogía de la moral, Alianza, Madrid, 2013, pp. 232-233.

10 Ocampos, Alejandro, "El hombre auténtico: Nietzsche y la moral", Razón y palabra, número 37, febrero-marzo, 2004.

11 Ocampos, Alejandro, "El hombre auténtico: Nietzsche y la moral", Razón y palabra, número 37, febrero-marzo, 2004.